65 CUENTOS DE HADAS DE LOS HERMANOS GRIMM EN ESPAÑOL
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Presione aquí si desea ver la versión original de Charles Perrault Había una vez una
adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo
por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le
regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan
bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar
"Caperucita Roja". - "No te
preocupes, haré bien todo"-, dijo Caperucita, y tomó las cosas y se
despidió cariñosamente. La abuelita vivía en el
bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita en
el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo.
Caperucita no sabía que esa creatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún
temor hacia él. -"Buenos días,
Caperucita".- dijo el lobo. -"Buenos días,
amable lobo".- -"¿Adonde vas tan
temprano, Caperucita?".- -"A casa de mi
abuelita".- -"¿Y qué llevas en
esa canasta?".- -"Pastel y vino. Ayer
fue día de hornear, así que mi pobre abuelita enferma va a tener algo bueno
para fortalecerse".- -"¿Y adonde vive tu
abuelita, Caperucita?".- -"Como a medio kilómetro
más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de
unos avellanos. Seguramente ya los habrás visto"-, contestó inocentemente
Caperucita. El lobo se dijo en
silencio a sí mismo, -"¡Qué creatura tan tierna! qué buen bocadito - y
será más sabroso que esa viejita.- Así que debo actuar con delicadeza para
obtener a ambas fácilmente."- Entonces acompañó
a Caperucita un pequeño tramo del camino y luego le dijo, Caperucita levantó sus
ojos, y cuando vio los rayos del sol danzando aquí y allá entre los árboles,
y vio las bellas flores y el canto de los pájaros, pensó, "Supongo que
podría llevarle otras de estas flores frescas a mi abuelita y que le encantarán.
Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me atraso un poquito,
siempre llegaré a buena hora". Y así, ella se salió del camino y se fue
a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra y otra, y
sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo
aprovechó el tiempo y corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la
puerta.
-"¿Quién es?"-
preguntó la abuelita. -"Caperucita"-,
contestó el lobo. -"Traigo pastel y vino. Ábreme, por favor"- -"Mueve la cerradura
y abre tú"-, gritó la abuelita, -"Estoy muy débil y no me puedo
levantar"- El lobo movió la
cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a
donde se encontraba la abuelita y de un bocado se la tragó. Mientras tanto, Caperucita
se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no
podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando llegó, se
sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan
extraño presentimiento que se dijo para sí misma, -"¡Oh Dios! que incómoda
me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita."-
Entonces gritó, -"¡Buenos días!"-,
pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí
parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una
apariencia muy extraña. -"¡!Oh,
abuelita!"- dijo, -"qué orejas tan grandes que tienes".- -"Es para oírte
mejor, mi niña"-, fue la respuesta. -"Pero abuelita, qué
ojos tan grandes que tienes".- -"Son para verte
mejor, querida".- -"Pero abuelita, qué
brazos tan grandes que tienes".- -"Para abrazarte
mejor".- -"Y qué boca tan
grande que tienes".- -"Para comerte
mejor".- Y no había terminado de
decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a
Caperucita. Entonces el lobo decidió
hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a
roncar fuertemente. Un cazador que por
casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y
pensó: -"¡Cómo ronca esa
viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda."- Entonces ingresó al
dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí. -"¡Así que te
encuentro aquí, viejo pecador!"- dijo él.- "¡Hacía tiempo que te
buscaba!".- Y ya se disponía a
disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a
la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En
su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En
cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos
cortes más y la pequeña Caperucita salió rapidísimo, gritando, - "¡Qué asustada
que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!"-, y enseguida salió también
la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar. Rápidamente, Caperucita
trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el
lobo despertó, quiso correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan pesadas
que no soportó el esfuerzo y cayó muerto. Las tres personas se
sintieron felices. El cazador le quitó la piel al lobo y se la llevó a su
casa. La abuelita comió el pastel y bebió el vino que le trajo Caperucita y se
reanimó. Pero Caperucita solamente pensó, "Mientras viva, nunca me
retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me
había ya prohibido hacer."- También se dice que otra
vez que Caperucita llevaba pasteles a la abuelita, otro lobo le habló, y trató
de hacer que se saliera del sendero. Sin embargo Caperucita ya estaba a la
defensiva, y siguió directo en su camino. Al llegar, le contó a su abuelita
que se había encontrado con otro lobo y que la había saludado con "buenos
días", pero con una mirada tan sospechosa, que si no hubiera sido porque
ella estaba en la vía pública, de seguro que se la hubiera tragado. -"Bueno"-, dijo
la abuelita, -"cerraremos bien la puerta, de modo que no pueda
ingresar".- Luego, al cabo de un
rato, llegó el lobo y tocó a la puerta y gritó, -"¡Abre abuelita que
soy Caperucita y te traigo unos pasteles!".- Pero ellas callaron
y no abrieron la puerta, así que aquel hocicón se puso a dar vueltas alrededor
de la casa y de último saltó sobre el techo y se sentó a esperar que
Caperucita regresara a su casa al atardecer para entonces saltar sobre ella y
devorarla en la oscuridad. Pero la abuelita conocía muy bien sus malas
intenciones. Al frente de la casa había
una gran olla, así que le dijo a la niña, -"Mira Caperucita,
ayer hice algunas ricas salsas, por lo que trae con agua la cubeta en las que
las cociné, a la olla que está afuera".- Y llenaron la gran
olla a su máximo, agregando deliciosos condimentos. Y empezaron aquellos
deliciosos aromas a llegar a la nariz del lobo, y empezó a aspirar y a caminar
hacia aquel exquisito olor. Y caminó hasta llegar a la orilla del techo y estiró
tanto su cabeza que resbaló y cayó de bruces exactamente al centro de la olla
hirviente, ahogándose y cocinándose inmediatamente. Y Caperucita retornó
segura a su casa y en adelante siempre se cuidó de no caer en las trampas de
los que buscan hacer daño. Enseñanza: Hijos e hijas: Padres y madres:
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