65 CUENTOS DE HADAS DE LOS HERMANOS GRIMM EN ESPAÑOL
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Presione aquí si desea ver la versión original de Charles Perrault La esposa de un rico
hombre cayó enferma, y sintiendo que ya estaba en sus últimos días, llamó a
su única hija a su lado y le dijo: -"Mi querida hija, se
siempre buena y piadosa, y así el buen Dios te protegerá todos los días, y yo
también velaré por ti desde el cielo y estaré cerca de ti."- Momentos después la buena
señora cerró sus ojos y partió al reino de Dios. Todos los días la joven
visitaba la tumba de su madre, y lloraba, y se comportaba buena y piadosa.
Cuando llegó el invierno, una gran capa de nieve se formó sobre la tumba, y
cuando el sol del verano la derritió, su padre tomó a otra mujer por esposa. La nueva mujer llegó a la
casa con dos hijas, las cuales eran guapas y de lindas caras, pero viles y de
negro corazón. Allí empezaron los malos tiempos para la pobre hija del señor. -"¿Pero se va a
sentar esa estúpida gansa con nosotras en la sala?"- decían ellas,
-"Si alguien quiere comer pan, que se lo gane. Que se vaya para la
cocina."- Ellas le quitaron los
lindos vestidos que tenía, le pusieron un viejo delantal gris, y le dieron unos
zapatos de madera. -"¡Sólo mira a la
orgullosa princesa, qué compuesta que está!"- gritaban y reían, y la
llevaron a la cocina. Allí ella tenía que
hacer trabajos duros desde la mañana hasta la noche, levantarse antes del
amanecer, traer el agua, encender los fuegos, limpiar, cocinar y lavar. Además
de todo eso, las dos hermanas le hacían las mayores groserías que podían
imaginarse - la imitaban burlonamente, le vaciaban los guisantes y las lentejas
dentro de las cenizas para que tuviera que recogerlas una a una de nuevo -, y así
muchas otras cosas más. Al anochecer, después de todo el trabajo que la dejaba
rendida de cansancio, no tenía cama a donde ir a dormir, por lo que se acostaba
entre las cenizas junto al fuego. Su padre, casi siempre ausente de la casa por
su trabajo, no percibía lo que pasaba. Y como la joven siempre andaba sucia y
tiznada por la ceniza, ellas le pusieron el sobrenombre de
"Cenicienta". Sucedió que un día, en
uno de los viajes que el padre acostumbraba hacer, le preguntó a las hijastras
si querían que les trajera algo al regreso. -"Bellos
vestidos."- dijo una. -"Perlas y
joyas."- dijo la otra. -"¿Y tú, que deseas
para ti?"- le preguntó el padre a Cenicienta. -"Padre, corta para mí,
la primer rama que te golpee el sombrero cuando vengas de regreso."- Así pues, él compró
bellos vestidos, perlas y joyas para las dos hijastras, y cuando venía para su
casa, pasando por un tupido bosque, una rama de avellano pegó en su sombrero y
se lo botó. Entonces cortó la rama y la cargo con él. Al llegar a casa, dio a
las hijastras lo que le pidieron, y a Cenicienta la rama del avellano.
Cenicienta se lo agradeció, fue a la tumba de su madre y plantó la rama allí,
y lloró tanto que las lágrimas cayeron sobre la rama y la humedeció. Y la
rama creció, llegando a ser un frondoso árbol. Tres veces al día, Cenicienta
iba y se sentaba bajo él, y lloraba y rezaba, y un pequeño pajarito blanco venía
siempre al árbol, y si Cenicienta expresaba algún deseo, el pajarito le dejaba
caer lo que ella había deseado. Sucedió sin embargo, que
el rey organizó un festival que duraría tres días, y al cual invitaba a todas
la bellas muchachas del país, para que su hijo pudiera escoger a una de ellas
por esposa. Cuando las dos
hermanastras oyeron que ellas estarían en la lista, se sintieron muy
complacidas, y llamaron a Cenicienta diciéndole: -"Péinanos el
cabello, cepilla nuestros zapatos y sujeta nuestras hebillas, porque vamos para
el festival en el palacio del rey."- Cenicienta obedecía, pero
lloraba, porque también le gustaría poder ir con ellas al baile. Y le rogaba a
su madrastra que lo hiciera. Pero su madrastra, que no
era buena ni cariñosa, como sí lo son la mayoría de las madrastras, le dijo: -"¿Ir tú,
Cenicienta? ¿Tú, que estás toda sucia y asquerosa, pretendes ir al festival?,
¡tú que no tienes vestidos ni zapatos adecuados, y pretendes ir a
bailar!"- Sin embargo tanto insistía
Cenicienta en pedirlo, que al fin dijo la madrastra: -"He vaciado un plato
de lentejas entre las cenizas para tí. Si en dos horas las has recogido todas,
podrás ir con nosotras."- La joven Cenicienta corrió
hacia la puerta trasera que da al jardín, y llamó: -"¡Hola!, ustedes
mansas palomitas, ustedes pequeñas tortolitas, y ustedes pajaritos del cielo,
vengan y me ayudan a recoger lentejas: Entonces dos palomas
blancas entraron por la ventana de la cocina, y detrás las tortolitas, y por último
todos los pajaritos que volaban cerca, y llegaron zumbando y en tropel y se
colocaron junto a las cenizas. Y las palomas movían sus cabezas y comenzó el
pic, pic, pic. Y todos los demás también estaban con el pic, pic, pic, y
recogieron todos los granos y los colocaron en el plato. Difícilmente había
transcurrido una hora cuando ya habían terminado, y salieron de la cocina.
Entonces Cenicienta llevó el plato donde la madrastra, e iba contenta, pensando
que ahora sí que la dejaría ir al festival. Pero la madrastra dijo: -"¡Ah no,
Cenicienta!, tú no tienes vestidos y así no puedes bailar. Sólo serías
motivo de risas."- Y como Cenicienta lloró
por eso, la madrastra dijo: -"Si puedes sacar de
las cenizas otros dos platos de lentejas que tienen mezcladas, y me las muestras
en menos de una hora, podrías ir con nosotras."- Y la madrastra pensó para
sí: -"¡Eso sí que no lo
podrá hacer!" En cuanto la madrastra
mezcló los dos platos de lentejas con la ceniza, la joven corrió de nuevo a la
puerta que da al jardín y gritó: -"¡Hola!, ustedes
mansas palomitas, ustedes pequeñas tortolitas, y ustedes pajaritos del cielo,
vengan y me ayudan a recoger lentejas: Entonces dos palomas
blancas entraron por la ventana de la cocina, y detrás las tortolitas, y por último
todos los pajaritos que volaban cerca, y llegaron zumbando y en tropel y se
colocaron junto a las cenizas. Y las palomas movían sus cabezas y comenzó el
pic, pic, pic Y todos los demás también estaban con el pic, pic, pic, y
recogieron todos los granos y los colocaron en el plato, y antes de media hora
habían terminado y volaron hacia afuera de nuevo. Entonces la joven llevó los
platos a la madrastra, y toda contenta pensando que ahora sí iría al festival
con ellas. Pero la madrastra dijo: -"¡Nada de eso te
ayudará, no irás con nosotras, ya que no tienes vestidos para bailar, y nos
avergonzaríamos de ti!"- Y volviola espalda a
Cenicienta, y salió presurosa junto con su dos orgullosas hijas. Como ya no había nadie más
en la casa, Cenicienta fue a la tumba de su madre bajo el árbol de avellanas, y
gritó: -"Tirita y tiembla,
arbolito, te lo pido a tí, Entonces un pájaro le tiró
un vestido de oro y plata, con bordados de fina seda. Y ella se colocó el
vestido y corrió al festival. Sus hermanastras y su madrastra no la
reconocieron, y creyeron que sería una princesa extranjera, ya que se veía tan
bella con aquel vestido de oro y plata. Ellas nunca la relacionaron con
Cenicienta, y más bien la imaginaban sentada en la cocina de la casa, toda
sucia, recogiendo lentejas de las cenizas. El príncipe fue a
conocerla, la tomó de la mano y bailó con ella. El no quiso bailar con ninguna
otra joven, y nunca le soltó la mano, y si alguien venía a invitarla, él decía:
-"Ésta es mi
compañera."- Ella bailó hasta el
atardecer, y entonces quiso regresar a casa. Pero el hijo del rey le dijo: -"Yo iré contigo y
te acompañaré."-, pues quería saber a que familia pertenecía la bella
joven. Sin embargo ella logró
escabullirse de él, y se metió en un palomar. El hijo del rey esperó a que
llegara un leñador que había llamado, y entonces le contó que la extraña
joven había saltado hacia el palomar. El viejo hombre pensó: -"¿Quién podrá
ser?" Y mandó a que le trajeran
un hacha y un pico, y él tiró en pedazos el palomar, pero no encontraron a
nadie adentro. Y cuando todos llegaron a la casa, Cenicienta yacía en sus
sucios vestidos, y una débil lámpara de aceite alumbraba la habitación, pues
Cenicienta había saltado rápidamente por la parte trasera del palomar y corrió
al arbolito de avellanas, y allí se quitó el vestido de oro y plata y lo colocó
sobre la bóveda, y la paloma se lo llevó de allí. Luego ella se fue a la
cocina y se colocó entre las cenizas con su usual gris vestimenta. Al día siguiente, cuando
el festival comenzó de nuevo, y su madrastra y hermanas se habían marchado,
Cenicienta fue al avellano y dijo: -"Tirita y
tiembla, arbolito, te lo pido a ti, Entonces
el pájaro le tiró ahora un vestido mucho más bonito que el del día anterior.
Y cuando Cenicienta apareció en el festival con ese vestido, todo el mundo quedó
maravillado de su presentación. El hijo del rey había esperado hasta que ella
llegara, e inmediatamente tomó su mano y bailó únicamente con ella. Cuando
alguien venía a invitarla, él decía: -"Ésta es mi compañera."- Cuando llegó el atardecer
ella quiso retirarse, y el hijo del rey la siguió, pues quería ver en que casa
se introducía. Pero ella se escapó rápido de él, y entró a un jardín detrás
de una casa. Había allí un bello y alto árbol del cual colgaban magníficas
peras. Ella subió tan ágilmente las ramas como una ardilla, que el hijo del
rey no pudo saber exactamente por dónde se fue. Y esperó a que llegara otra
vez el leñador, y entonces le contó que creía que la extraña joven había
subido al árbol de peras. El viejo hombre pensó: -"¿Quién podrá
ser?" Y tomando el pico y el
hacha, derribó al árbol, pero no había nadie allí. Y en casa de Cenicienta,
cuando todos llegaron a la cocina, Cenicienta estaba allí, entre las cenizas,
como siempre, ya que ella había saltado por el lado opuesto del peral, y
entregado el bello vestido a la paloma en el avellano, y puesto sus grises ropas
de nuevo. Al tercer día,
cuando todos se habían marchado, Cenicienta fue otra vez más a la tumba de su
madre y dijo al árbol: -"Tirita y
tiembla, arbolito, te lo pido a ti, Y ahora el pájaro le tiró
otro vestido aún más esplendoroso y lujoso que jamás hubiera tenido, y las
zapatillas eran de oro. Y cuando llegó al festival con aquella vestimenta, todo
el mundo quedó mudo de la impresión. El hijo del rey de nuevo sólo bailó con
ella, y si alguien llegaba a invitarla, le decía: -"Ella es mi compañera."- Al llegar otra vez el
atardecer, Cenicienta quiso retirarse, y el hijo del rey estaba ansioso de
acompañarla, pero ella escapó tan rápido que no pudo seguirla. Sin embargo,
el hijo del rey, había pensado en una estrategia, y había llenado las
escaleras con resina, y cuando ella bajaba las gradas, la zapatilla izquierda se
quedó pegada. El hijo del rey la recogió, y era pequeña y fina, toda de
oro. Al día siguiente fue donde el rey y le dijo: -"Ninguna joven, sino
solamente aquella a quien le calce esta zapatilla de oro podrá ser mi
esposa."- Al saberse la noticia, las
dos hermanas se regocijaron, pues tenían un bonito pie. Cuando el hijo del rey,
en su recorrido, llegó a la casa de Cenicienta, la mayor fue a su habitación
con la zapatilla a tratar de colocársela, y su madre estaba con ella. Pero le
fue imposible ajustar el dedo gordo del pie, y la zapatilla era demasiado pequeña
para ella. Entonces su madre trajo un cuchillo y le dijo: -"Córtate el dedo,
que cuando seas la reina, no necesitarás andar más a pie."- La muchacha se cortó el
dedo, y forzó el pie dentro de la zapatilla, y soportando el
dolor, fue donde el hijo del rey. Entonces él la montó en su caballo como
novia, y salió con ella. Pero sin embargo, tenían que pasar por la tumba, y
allí, en el avellano, estaban las dos palomas que gritaban: -"Voltea y vuelve a
ver, Entonces el bajó la
mirada y vio cómo salía sangre del zapato. Volteó hacia atrás a su caballo,
y llevó a la falsa novia de regreso a su casa, y dijo que esa no era la
verdadera, y que la otra hermana debería medirse la zapatilla. Entonces ella
fue a su habitación y sus dedos calzaban bien en la zapatilla, pero su talón
era demasiado largo. Y su madre de nuevo tomó el cuchillo y le dijo: -"Córtate un poco
ese talón, pues cuando seas reina, no necesitarás andar más a pie."-
La hija se cortó un
pedazo del talón, soportó el dolor, y fue a la presencia del hijo del rey. Y
la montó en su caballo como su novia, y se fue con ella. Pero cuando pasaban el
avellano, las dos palomas sentadas en él, gritaron: -"Voltea y vuelve a
ver, Él miró hacia abajo al
pie de ella y vio cómo salía sangre de la zapatilla y cómo le había manchado
su media blanca. Entonces giró a su caballo y llevó a la falsa novia de nuevo
a su casa. -"Ésta no es la
correcta"- dijo él, -"¿No tienes otra hija?"- preguntó al
padre. -"Bueno..."-
dijo el hombre, -" hay aún una pequeña y tímida hija en la cocina, que
mi anterior esposa me dejó, pero es imposible que ella pueda ser la
novia."- El hijo
de rey dijo que fueran por ella, pero la mujer exclamó: -"¡Oh, no, ella está
muy sucia, y no puede presentarse así!"- El insistió
decididamente, y tuvieron que llamar a Cenicienta. Ella primero se lavó sus
manos y su cara, y entonces se reverenció ante el hijo del rey, quien le dio la
zapatilla de oro. Ella se sentó serenamente en una banca, sacó su pie del
pesado zapato de madera y lo puso en la zapatilla, que calzó como un guante. Y cuando
ella se levantó y el hijo del rey la miró a la cara, reconoció a la bella
joven que bailó con él y gritó entusiasmado: -"¡Ésta es la
verdadera novia!"- Y además, Cenicienta sacó
la otra zapatilla que guardaba en su delantal y se lo puso emocionadamente. La madrastra y las dos
hijas quedaron aterrorizadas y se pusieron pálidas y rabiosas. Él, sin más
que hacer, montó a Cenicienta en su corcel, y salió con ella. Cuando pasaban
por el avellano, las dos palomas cantaron: -"Voltea y vuelve a
ver, y una vez que dijeron eso,
las dos palomas volaron hacia ellos y se posaron en los hombros de Cenicienta,
una a la derecha, otra a la izquierda, y allí siguieron todo el viaje. Cuando llegó el día de
celebrar la boda del hijo del rey, las dos hermanastras llegaron y buscaron
obtener el favor de Cenicienta y compartir su buena fortuna. Y cuando la pareja
de novios iba hacia la iglesia, la mayor se colocó al lado derecho y la menor
al lado izquierdo de Cenicienta, pero entonces las palomas empezaron a
picotearlas y a ensuciarlas sin descanso. De ese modo castigaron a las hermanas
por su maldad y falsedad, quedando ellas con las cicatrices por muchos días.
Sin embargo, por tener gran corazón, Cenicienta las perdonó sinceramente y las
ayudó a llevar una vida digna, junto con su padre y su madrastra. Enseñanza: No se debe despreciar al
humilde, siempre tiene tesoros que no se ven.
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