65 CUENTOS DE HADAS DE LOS HERMANOS GRIMM EN ESPAÑOL
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Presione aquí si desea ver la versión original de Charles Perrault Había una vez un pobre
campesino que se sentaba al anochecer junto al hogar y lo encendía, y su esposa
se sentaba e hilaba. Entonces dijo él: -"¡Qué triste es
que no tengamos niños! Con nosotros todo es tan calmo, y en otras casas hay
bullicio y vida."- -"Cierto"-
replicó la esposa suspirando, -"aún si tuviéramos solamente uno, y si
fuera pequeñito, tan grande como un pulgar, yo estaría satisfecha, y lo amaríamos
con todo nuestro corazón."- Y sucedió que la mujer
quedó embarazada, y siete meses después dio a luz a un niño, que era perfecto
en su forma, pero no más grande que un pulgar. Entonces ellos dijeron: -"Es como deseamos
que fuera, y será nuestro amado niño."- Y por motivo de su tamaño,
lo llamaron Pulgarcito. Ellos le proveyeron de todo alimento, pero el niño no
crecía de talla, si no que seguía del mismo tamaño, pero tenía unos ojitos
vivaces, y pronto mostró ser una creatura hábil y entendida, y todo lo captaba
perfectamente. Un día el campesino se
preparó para ir al bosque a cortar leña, cuando pensando en voz alta dijo: -"¡Cómo desearía
que hubiera alguien que pudiera llevarme la carreta!"- -"Oh padre"-
gritó Pulgarcito, -"enseguida yo te llevo la carreta, confía en eso, la
tendrás en el bosque en el momento apropiado."- El hombre sonrió y dijo: -"¿Cómo podría
ser, tú tan pequeño manejando los caballos con las riendas?"- -"Eso no es problema,
padre, si mi madre les pone los arreos, yo me sentaré en la oreja del caballo y
le iré diciendo qué rumbo tomar."- -"Bien"- dijo el
hombre, -"por esta vez lo intentaremos"- Cuando llegó el
momento, la madre alistó la carreta con el caballo, y colocó a Pulgarcito en
la oreja del caballo. Y entonces la creatura gritó: -"¡Arre! ¡Arre!"- Todo sucedió
apropiadamente como si fuera manejada por el patrón, y la carreta iba por el
camino correcto hacia el bosque. Y pasó que al doblar en una esquina, cuando el
pequeño iba gritando -"¡Arre! ¡Arre!"- dos extraños hombres se
acercaron. -"¡Por Dios! dijo
uno de ellos, -"¿Qué es esto? ¡una carreta que va caminando, y se oye a
un carretero arreando al caballo pero no se ve a nadie!"- -"Algo no
calza"- dijo el otro, -"sigamos a la carreta y veamos a donde
para."- La carreta, sin embargo,
se internó dentro del bosque, y llegó exactamente adonde la leña había sido
cortada. Cuando Pulgarcito vio a su padre, le gritó: -"Ves padre, aquí
estoy con la carreta, bájame por favor."- El padre sostuvo al
caballo con su mano izquierda, y con la derecha sacó a su pequeño hijo de la
oreja. Pulgarcito se sentó graciosamente en una rama, pero cuando los dos
hombres lo vieron, no supieron que decir por el asombro. Entonces uno de ellos
se acercó al otro y le dijo: -"Hark, ese pequeñín
puede traernos una gran fortuna si lo exhibimos en una gran ciudad por dinero.
Comprémoslo."- Ellos fueron donde el
campesino y le dijeron: -"Véndanos a ese
hombrecito. Será bien tratado por nosotros."- -"No"- replicó
el padre, -"él es la luz de mis ojos, y ni todo el oro del mundo podría
comprármelo."- Pulgarcito, sin embargo,
cuando oyó acerca del negocio, agarrándose de la tela del abrigo de su padre,
subió hasta el hombro y le susurró en el oído: -"Padre, déjame ir,
y yo volveré pronto"- Entonces el padre fue con
él donde los dos hombres, y recibió un buen puñado de dinero. -"¿Dónde te sentarás?"-
preguntaron ellos. -"Oh, simplemente
ponme en el ala del sombrero, y desde allí yo podré ir hacia atrás o hacia
adelante mirando el paisaje, y no me caeré."- Ellos lo hicieron tal como
lo pidió. Y cuando Pulgarcito se despidió de su padre, ellos partieron con él.
Caminaron hasta que oscureció, y entonces el pequeñín dijo: -"Bájame por favor,
necesito bajar."- El hombre se quitó el
sombrero y puso al pequeño compañero en el suelo, a la orilla del camino, y él
saltó y se arrastró entre la maleza, y repentinamente se deslizó en el hueco
de una cueva de ratones que él había visto. -"¡Buenas tardes,
caballeros, pueden irse a casa sin mí!"- le gritó a los hombres, y se
burló de ellos. Ellos corrieron hacia él y metieron varillas dentro de la
cueva de los ratones, pero fue una labor perdida. Pulgarcito se metió más
adentro aún, y cuando ya oscureció completamente, los hombres se vieron
forzados a regresar a sus casas con su pesadumbre y con los bolsillos vacíos. En cuanto Pulgarcito vio
que ellos se fueron, salió del pasaje subterráneo. -"Es tan peligroso
caminar sobre el suelo en la oscuridad"- se dijo él, -"¡tan fácil
que sería quebrarse un brazo o una pierna!"- Afortunadamente tropezó
contra una concha de caracol vacía. -"¡Gracias a
Dios!"- se dijo, -"Dentro de esto puedo pasar la noche sin
peligro"- y se metió en ella. Al poco rato, cuando ya
estaba a punto de dormirse, oyó a dos hombres que pasaban por allí, y uno de
ellos decía: -"¿Cómo podríamos
hacer para sacarle al rico pastor su oro y su plata?"- -"Yo te puedo
decir"- gritó pulgarcito, interrumpiéndolo. -"¿Qué fue
eso?"- dijo uno de los ladrones asustado, -"Escuché a alguien
hablando."- Ellos se mantuvieron
escuchando, y Pulgarcito dijo de nuevo: -"Llévenme con
ustedes, y les ayudaré."- -"¿Pero dónde estás?"-
preguntaron. -"Justo en el suelo,
y observen de donde viene mi voz."- contestó.
-"¿Tú, pequeño
duende, cómo tú nos vas a ayudar?"- dijeron. -"Tengo un
modo."- respondió él. -"Yo entraré a la habitación del pastor metiéndome
entre las rejas, y les pasaré a ustedes lo que deseen tener." -"Entonces ven con
nosotros"- dijeron, -"y veremos que puedes hacer"- Cuando llegaron a la casa
del pastor, Pulgarcito se arrastró a la habitación, e inmediatamente gritó lo
más fuerte que pudo: -"¿Quieren tener
todo lo que hay aquí?"- Los ladrones se alarmaron,
y dijeron: -"Pero habla bajito,
no vayas a despertar a alguien."- Pulgarcito, sin embargo,
actuó como si no hubiera entendido, y gritó de nuevo: -"¿Qué es lo que
quieren? ¿Quieren ustedes todo lo que hay aquí?"- La criada, que dormía en
la habitación contigua, oyó aquello y se sentó en la cama, y siguió
escuchando. Los ladrones sin embargo, con su temor se habían alejado un poco,
pero al final tomaron coraje y pensaron: -"Ese pequeño pícaro
quiere burlarse de nosotros."- Ellos regresaron y le
susurraron: -"Ven, sé serio, y pásanos
algo a nosotros."- Entonces Pulgarcito de
nuevo gritó tan fuerte como pudo: -"¡En verdad que les
voy a dar todo, sólo extiendan las manos!"- La criada, que estaba
escuchando, oyó eso claramente, y saltó de la cama y fue a la puerta. Los
ladrones volaron, corriendo como si los persiguiera el Cazador Salvaje, pero
como la criada no podía ver nada, fue a encender una luz. Cuando volvió con la
luz, Pulgarcito, sin que fuera percibido, se fue al granero, y la criada, después
de examinar cada rincón y no encontrar nada, se acostó de nuevo en su cama, y
pensó, que después de todo, sólo había estado soñando con los ojos y oídos
abiertos. Pulgarcito había escalado
en el heno y encontró un lindo lugar donde dormir. Allí intentó descansar
hasta el amanecer, y luego regresar a casa donde sus padres. Pero debía pasar
por otras cosas. ¡De veras que hay mucha
aflicción y miseria en este mundo! Cuando el sol salió, la criada se levantó
de su cama para ir a alimentar las vacas. Su primera caminata fue dentro del
pajar, donde ella tomó una paca de heno, y precisamente era en la que
Pulgarcito dormía. Sin embargo, él estaba tan profundamente dormido que no se
dio cuenta de nada, y no se despertó hasta que estuvo en la boca de la vaca,
que lo había tomado junto al bocado de heno. -"¡Oh cielos!"-
gritó el, -"¿Cómo sería que llegué hasta este molino?"- Pero inmediatamente
descubrió donde estaba. Entonces fue necesario tener mucho cuidado, no fuera a
caer entre los dientes y ser descuartizado, pero inevitablemente fue forzado a
resbalar dentro del estómago junto con el heno. -"En esta habitación
olvidaron las ventanas"- decía, -"y el sol no brilla, y ni siquiera
hay una candela"- El cuarto no le era nada
placentero, y lo peor era que, más y más heno entraba por la puerta, y el
espacio se reducía más y más. Entonces, confundido en su angustia, gritó tan
fuerte como pudo: -"¡No quiero más
hierba, no quiero más hierba!"- La criada estaba en ese
momento ordeñando la vaca, y cuando oyó que alguien hablaba, y no vio a nadie,
y acató que era la misma voz que había escuchado en la noche, se aterrorizó
tanto que saltó de su banquillo y desparramó la leche. Corrió ella donde su
patrón, y dijo: -"¡Por los cielos,
pastor, la vaca está hablando! -"¡Estás
loca!"- respondió el pastor. Pero decidió ir él
personalmente a ver que era lo que pasaba allá. Y no terminaba de llegar cuando
Pulgarcito gritó de nuevo: -"¡No quiero más
hierba, no quiero más hierba!"- Entonces el mismo pastor
se alarmó, y pensó que un espíritu endemoniado se había apoderado de la
vaca, y ordenó matarla. Y fue matada, pero el estómago, donde estaba
Pulgarcito, fue tirado a la basura. Pulgarcito tuvo gran
dificultad en salir del paso, sin embargo tuvo éxito en hacerse de más
espacio, pero justo cuando iba sacando la cabeza, una nueva dificultad se
presentó. Un lobo hambriento corrió hacia allá, y se tragó el estómago de
un sólo bocado. Pulgarcito no perdió el coraje. -"Quizás"- pensó
él, -"el lobo tendrá que oír lo que tengo que decirle."- Y lo llamó desde adentro
de su estómago: -"Querido lobo,
yo sé de una magnífica fiesta para ti."- -"¿Y adonde es que
va a tener lugar?"- -"En una casa que te
indicaré. Tienes que arrastrarte por el fregadero de la cocina, y encontrarás
pasteles y tocino y salchichas, y muchas otras cosas que podrás comer a tu
gusto"-, y le describió exactamente la casa de su padre. Al lobo no hubo que
repetirle eso dos veces, se estrujó lo más que pudo y entró a la casa por el
vertedero, y comió hasta quedar contento de gordo. Cuando hubo terminado con
todo, quiso salir de nuevo, pero había engordado tanto que no podía usar la
misma vía por donde entró. Pulgarcito sabía que eso
iba a suceder, y ahora comenzó a hacer violentos ruidos en el cuerpo del lobo,
y gritaba y gritaba tan fuerte como podía. -"¡Haz
silencio!"- decía el lobo, -"¡vas a despertar a la gente!"- -"¿Y qué?"-
replicó el pequeñín, -"has comido hasta llenarte, y yo haré también mi
fiesta"- Y una vez más comenzó a
gritar con furor. Por fin, su padre y madre fueron despertados por los ruidos,
corrieron al cuarto y se asomaron por la ventanilla de la puerta. Cuando vieron
que había un lobo adentro, se alejaron, y el esposo trajo su hacha, y la esposa
la guadaña. -"Ponte detrás"-
dijo el hombre cuando entraron al cuarto. -"Cuando yo dé el primer golpe,
si no queda muerto, córtalo y divídelo en piezas."- Entonces Pulgarcito que oyó
las voces de su padre, gritó: -"¡Querido padre, yo
estoy aquí, dentro del cuerpo de lobo!"- Y dijo el padre lleno de
gozo: -"¡Gracias a Dios
que nuestro hijo nos ha encontrado de nuevo!"- Y le pidió a la mujer
dejar la guadaña, para que Pulgarcito no resultara herido. El hombre levantó
su brazo, y dio tan certero golpe a la cabeza del lobo que éste cayó muerto.
Entonces trajeron navajas y tijeras, cortaron su cuerpo y sacaron al pequeñín
para afuera. -"¡Ah!"- dijo
el padre, -"que preocupación hemos tenido pensando en tu suerte."- -"Sí padre, anduve
por el mundo en tantas situaciones. ¡Gracias al cielo, ya respiro aire fresco
de nuevo.!"- -"¿Dónde estuviste,
entonces?"- -"Ay padre, estuve en
una cueva de ratones, en el estómago de una vaca, y luego en el de un lobo.
Ahora ya estaré con ustedes."- -"Ya no te volveremos
a vender, ni por todas las riquezas del mundo"- dijeron sus padres. Y abrazaron y besaron a su
amado Pulgarcito. Le dieron de comer y beber, y lo vistieron con trajes nuevos
que habían hecho para él, pues los que llevaba se estropearon en su viaje. Enseñanza: Ningún tesoro puede
sustituir lo que se ama profundamente.
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