016-El Diablo con los Tres Pelos de Oro 
Había una vez una pobre
mujer que dio a luz a un pequeño niño, y como el niño nació con una membrana
sobre su cabeza, le predijeron que en su decimocuarto año él tendría a la
hija del rey por esposa. Sucedió que poco después el rey bajó a la villa, y
nadie sabía que era el rey, y cuando preguntó a la gente que noticias nuevas
había, contestaban:
-"Acaba de nacer un
niño con una membrana en su cabeza, y quien quiera que nazca con eso tendrá
muy buena suerte. Y le han profetizado, también, que cuando cumpla sus catorce
años, obtendrá a la hija del rey por esposa."-
El rey, quien tenía un
duro corazón, se enojó con lo de la profecía, fue donde los padres de la
creatura, y aparentando gran amistad dijo:
-"Ustedes, pobre
gente, permítanme tener a su niño y yo cuidaré de él."-
Al principio ellos
rechazaron la oferta, pero cuando el extraño les ofreció una gran cantidad de
oro, pensaron:
-"Es un niño con
suerte, y cualquier suceso siempre se tornará a su favor."-
Y al fin consintieron y le
dieron al niño.
El rey lo puso en una
cesta y viajó con él hasta llegar a un profundo río. Entonces tiró el cesto
al agua y pensó:
-"He librado a mi
hija de su inesperado pretendiente."-
Sin embargo el cesto no se
hundió, y flotó como un bote, y ni una gota de agua entró en él. Y navegó
como dos leguas más abajo hasta llegar a un molino donde entró en una de las
tomas de agua del molino. Un joven que trabajaba en el molino, que por
casualidad estaba por ahí en ese momento, lo vio, y con un gancho lo jaló y lo
sacó del agua, pensando que contenía un gran tesoro, pero cuando lo abrió
encontró al precioso niño adentro vivito y contento. Se lo llevó entonces al
molinero y su esposa, y como ellos no tenían niños se complacieron y dijeron:
-"Dios nos lo ha
enviado -"
Y ellos cuidaron
adecuadamente al niño, quien creció lleno de cariño.
Sucedió que años mas
tarde, en una gira del rey, éste llegó al molino, y le preguntó al molinero y
su esposa si ese alto joven era su hijo.
-"No"-
contestaron, -"Él fue encontrado. Hace catorce años él flotaba sobre las
aguas del río en un cesto y llegó al molino. Mi ayudante lo jaló y sacó del
agua.
Entonces el rey supo que
ese no era ni más ni menos que el niño con suerte que él había tirado al
agua, y dijo:
-"Mi buena gente, ¿no
podría ese muchacho llevarle una carta a la reina, y yo le pagaré con dos
piezas de oro?"-
-"Cómo mande el
rey."- contestaron ellos, y le dijeron al joven que se alistara.
El rey escribió una carta
a la reina, en la que decía:
-"Tan pronto como
este muchacho llegue con la carta, mátenlo y entiérrenlo. Todo debe estar
cumplido antes de que yo regrese."-
El muchacho partió con la
carta, pero perdió el camino, y al anochecer llegó a un gran bosque. En la
oscuridad él vio una pequeña luz, y avanzó hacia ella hasta llegar a un
rancho. Él entró, y vio a una vieja mujer que estaba sentada sola junto al fogón.
Cuando ella vio al joven, dijo:
-"¿De dónde vienes,
y hacia dónde te diriges?"-
-"Vengo del
molino"- contestó, -"y deseo llegar donde la reina, para quien le
llevo una carta, pero he perdido el camino en esta foresta y agradecería poder
quedarme aquí la noche."-
-"¡Oh pobre
muchacho!"- dijo la mujer, -"has llegado a una cueva de ladrones, y
cuando vengan, de seguro te matarán."-
-"Deja que
vengan"- dijo el joven, -"no estoy asustado, pero estoy tan cansado
que no puedo avanzar más."- y se acomodó sobre una banca y se quedó
dormido.
Muy pronto llegaron los
ladrones, y molestos preguntaron quien era ese extraño muchacho durmiendo allí.
-"¡Ah!"- dijo
la vieja mujer, -"es un inocente muchacho que se perdió en el bosque, y
por piedad lo dejé entrar. Él debe de llevar una carta a la reina"-
Los ladrones abrieron la
carta y la leyeron, y en ella decía que en cuanto el joven llegara debía ser
muerto. Entonces los duros ladrones sintieron lástima, y su líder la rompió y
escribió otra diciendo que tan pronto el muchacho llegara, debía ser casado al
instante con la hija del rey. Y lo dejaron dormir tranquilamente hasta la
siguiente mañana. Y cuando despertó le dieron la carta, y le indicaron el
camino correcto.
La reina, cuando recibió
la carta y la leyó, hizo lo que estaba escrito en ella, y preparó una espléndida
fiesta de boda, y la hija del rey fue casada con el joven de la suerte, y como
el joven era apuesto y colaborador, ella vivió con él felizmente.
Tiempo después el rey
retornó de su gira a palacio y vio que la profecía se había cumplido, y que
el joven de la suerte se había casado con su hija.
-"¿Cómo habrá
sucedido eso?"- dijo él, -"Yo di otras instrucciones en mi
carta"-
Así pues que la reina le
entregó la carta, y le dijo que podía ver personalmente lo que en ella estaba
escrito. El rey examinó la carta y vio muy bien que había sido cambiada por la
otra. Él le preguntó al joven que qué había sido de la carta que él le
confió, y que por qué había traído otra en su lugar.
-"No sé nada de
ello"- contestó, -"pudo haber sido cambiada en la noche, cuando dormí
en la foresta."-
El rey dijo molesto:
-"No vas a tener todo
tranquilamente a tu manera, quien se casa con mi hija debe traerme del infierno
tres pelos de oro de la cabeza del diablo. Dame lo que te pido, y podrás
continuar con mi hija."-
De este modo esperaba el
rey deshacerse del muchacho para siempre. Pero el chico de la suerte contestó:
-"Conseguiré los
pelos de oro, no le temo al diablo"- y se alejó de ellos para comenzar su
gira.
El camino lo llevó a un
gran pueblo, donde el guardián de las puertas le preguntó a que venía y que
conocimientos tenía.
-"Yo sé de
todo"- contestó el joven.
-"Entonces puedes
hacernos un favor"- dijo el guardián, -"si nos puedes decir por qué
nuestra fuente del mercado, que una vez fluía vino, se ha secado, y desde
entonces ni siquiera nos da agua."-
-"Ya lo sabrán"-
contestó, -"sólo esperen a mi regreso."-
Y siguió su camino y llegó
a otra ciudad, y allí también el guardián de las puertas le preguntó a qué
venía y qué sabía.
-"Sé de todo"-
contestó.
-"Entonces podrás
hacernos un favor y decirnos ¿por qué un árbol en nuestro pueblo, que una vez
daba manzanas de oro, ahora ni siquiera echa hojas?"-
-"Ya lo sabrán"-
contestó, -"sólo esperen a mi regreso"-
Entonces prosiguió y llegó
a un ancho río que debía atravesar. El botero le preguntó a qué venía y qué
sabía él.
-"Sé de todo"-
contestó.
-"Entonces podrás
hacerme un favor"- dijo el botero, -"dime ¿por qué debo estar
siempre yendo y viniendo y nunca quedar libre de esta labor?"-
-"Ya lo sabrás"-
contestó, -"sólo espera a mi regreso"-
Cuando había cruzado el río encontró la
entrada al infierno. Era negra y llena de hollín, y el diablo no se encontraba
en casa, pero la abuela estaba sentada en una gran mecedora.
-"¿Qué es lo que
quieres?"- le preguntó.
Pero ella no parecía ser
malvada.
-"Me gustaría tener
tres pelos de oro de la cabeza del diablo"- le contestó. -"De lo
contrario no podría conservar a mi esposa."-
-"Eso es un buen
trabajo para solicitar."- dijo ella, -"Si el diablo llega y te
encuentra, te costará la vida, pero como te tengo piedad, veré si te puedo
ayudar."-
Ella lo convirtió en
hormiga y dijo:
-"Métete entre los
dobleces de mi vestido, allí estarás seguro."-
-"Sí"- contestó
él, -"hasta ahora todo bien. Pero hay tres cosas además que debo de
saber: ¿por qué una fuente que una vez fluía vino se ha secado, y ahora ni
siquiera echa agua; por qué un árbol que una vez daba manzanas de oro, ahora
ni siquiera da hojas; y por qué un botero debe de estar siempre yendo y
viniendo, y nunca queda libre?
-"Esas son preguntas
difíciles"- contestó ella, -"pero solamente quédate en silencio y
quieto y pon atención a lo que diga el diablo cuando yo le arranque los tres
pelos de oro."-
Cuando llegó el
anochecer, el diablo regresó. No más había entrado cuando notó un cambio en
el aire.
-"Me huele a carne
humana"- dijo él, -"algo no está bien aquí."-
Entonces él revisó cada
rincón, y buscó y buscó, pero no encontró nada. Su abuela lo increpó:
-"Acabo de terminar
de barrer y puse todo en orden, y ya estás desordenando todo otra vez; tú
siempre tienes carne humana en tu nariz. Siéntate y come tu cena."-
Cuando ya hubo cenado y
bebido, se sintió cansado, y reposó su cabeza en el regazo de su abuela, y al
poco rato quedó profundamente dormido, roncando y respirando hondo. Entonces la
vieja mujer agarró un pelo de oro, lo jaló y lo puso abajo cerca de ella.
-"¡Ay!"- gritó
el diablo, -"¿Qué estás haciendo?"-
-"He tenido un mal
sueño"- contestó la abuela, -"por eso me sostuve de tu pelo."-
-"¿Y cómo era el
sueño?"- dijo el diablo.
-"Soñaba que en una
plaza de mercado había una fuente que una vez echaba vino, pero se secó y
ahora no echa ni agua. ¿Que podría haber ocurrido?"-
-"¡Ah já! ¡si lo
supieran!"- contestó el diablo, -"Hay un enorme sapo sentado sobre
una piedra en el pozo. Si lo mataran, el vino regresaría de nuevo."-
Él se durmió de nuevo, y
roncaba que hasta las ventanas vibraban. Entonces ella desprendió el segundo
pelo.
-"¡Hey, que estás
haciendo!"-, gritó el diablo incómodo.
-"No lo tomes
mal."- dijo ella, -"Lo hacía en un sueño."-
-"¿Y qué has soñado
ahora?- preguntó él.
-"Soñaba que en
cierto reino había un manzano que una vez daba manzanas de oro, pero ahora no
da ni hojas. ¿Cuál crees que pueda ser la razón?"-
-"¡Oh! ¡si lo
supieran!"- contestó el diablo, -"Un ratón está mordiendo la raíz,
si lo mataran, tendrían de nuevo manzanas de oro. Pero si sigue mordiendo más
tiempo, el árbol entero se moriría. Pero déjame sólo con tus sueños: si me
vuelves a molestar en mi dormir te jalaré las orejas."
La abuela le habló
suavemente hasta que de nuevo se durmió y roncó. Entonces ella arrancó el
tercer pelo de oro. El diablo saltó, rugió fuertemente, y la hubiera regañado
si ella no lo hubiera tranquilizado una vez más diciéndole:
-"¿Quien podría
solventar malos sueños?"-
-"¿Cuál fue el sueño,
entonces?"- preguntó él, un poco intrigado.
-"Soñaba que había
un botero que se quejaba de que siempre tenía que ir de uno al otro lado del río,
y nunca podía liberarse. ¿Cuál sería la solución?"-
-"¡Ah, el
tontito!"- contestó el diablo, -"cuando alguien llegue y desee cruzar
el río, él debe poner los remos en sus manos, y este otro hombre tendrá que
seguir haciendo el transporte y él quedará libre."-
En cuanto la abuela hubo
arrancado los tres pelos de oro, y los tres enigmas resueltos, lo dejó
tranquilo durmiendo hasta el amanecer.
Cuando el diablo salió de
nuevo, la vieja mujer tomó a la hormiga de los pliegues de su vestido, y le dio
al joven de la suerte su forma humana de nuevo.
-"Aquí tienes los
tres pelos de oro para tí"- dijo ella, -"Supongo que oíste lo que
dijo el diablo sobre tus tres preguntas"-
-"¡Sí,
claro!"- contestó él, -"sí lo oí, y tendré cuidado de
recordarlo."-
-"Ya tienes lo que
querías"- dijo ella, -"y ahora puedes partir."-
Él le agradeció haberlo
ayudado en su necesidad, y dejó el infierno muy contento de que todo salió
afortunadamente bien.
Cuando volvió al río, el
botero esperaba ansioso la respuesta prometida.
-"Pásame
primero"- dijo el joven con suerte, -"y entonces te diré como
liberarte."-
Y cuando llegaron a la
orilla contraria, le dijo el consejo del diablo:
-"La próxima vez que
venga alguien que desee cruzar el río, solamente ponle los remos en sus
manos"-
Siguió adelante hasta el
pueblo donde estaba el manzano improductivo, y allí también el guardián
esperaba la respuesta. Él le dijo lo que escuchó del diablo:
-"Maten al ratón que
está mordiendo su raíz, y de nuevo dará manzanas de oro."-
Entonces el guardián le
agradeció dándole dos burros cargados con oro, que siguieron tras él.
De último llegó al
pueblo donde la fuente se había secado. Él le dijo al guardián lo que dijo el
diablo:
-"Un gran sapo está
en el pozo sobre una piedra. Deben de encontrarlo y matarlo, y el pozo de nuevo
fluirá vino en cantidad."-
El guardián le agradeció,
dándole también dos burros cargados de oro.
Al fin el joven de la
suerte llegó a casa con su esposa, que estuvo feliz de corazón por verlo de
nuevo, y de oír cuan bien había prosperado en todo. Al rey él le llevó lo
que había pedido: los tres pelos de oro del diablo, y cuando el rey vio a los
cuatro burros cargados con oro se puso muy contento y dijo:
-"Ahora que has
cumplido con todas las condiciones, puedes quedarte con mi hija. Pero dime,
querido yerno, ¿de dónde sacaste todo ese oro? ¡Es una enorme riqueza!"-
-"Remando, yo atravesé
un río"- contestó, -"y allá, en la otra orilla, yacía oro en vez
de arena."-
-"¿Podría yo traer
también?"- dijo el rey, muy ansioso por conseguirlo.
-"Tanto como
quiera."- contestó el joven.
-"Hay un botero en el
río, pídale que lo pase al otro lado, y podrá llenar sus sacos."-
El voraz rey salió a toda
prisa, y cuando llegó al río le pidió al botero que lo pasara. El botero se
acercó y le pidió que subiera. Y cuando llegaron a la otra orilla, le puso los
remos en las manos y saltó. Y de ahí en adelante, el rey tuvo que seguir
remando, como un castigo a sus pecados.
¿Estará aún ahí de
botero? Si lo está, es porque nadie le ha tomado aún los remos.
Enseñanza:
Quien lanza un mal, contra
él mismo retorna.

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