017-El Lobo y las Siete Cabritas

Había una vez una vieja
cabra que tenía siete cabritas, y las amaba con todo el amor que una buena
madre puede tener por sus hijos. Un día ella quiso ir al bosque y conseguir algún
alimento. Así que llamó a las siete y les dijo:
-"Queridas hijas,
tengo que ir al bosque, estén en guardia contra el lobo, si él llega a entrar,
las devorará – piel, pelo y todo -. El malvado por lo general se disfraza,
pero ustedes lo reconocerán enseguida por su gruesa voz y sus negras
patas."-
Las cabritas dijeron:
-"Querida mamá,
tendremos cuidado de nosotras mismas, puedes salir sin ninguna ansiedad."
Entonces la vieja cabra
baló, y partió a su camino con la mente tranquila.
No había transcurrido
mucho tiempo cuando alguien tocó a la puerta de la casa y llamó:
-"Abran la puerta
queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído de regreso algo para cada una
de ustedes."-
Pero las pequeñas
cabritas sabían que era el lobo por su gruesa voz,
-"No abriremos la
puerta."- gritaron ellas. -"No eres nuestra madre. Ella tiene voz
suave y placentera, en cambio tu voz es ronca, ¡Tú eres el lobo!"-
Entonces el lobo se retiró
y fue a una tienda y se compró una gran masa de tiza, se la comió y con eso se
le suavizó la voz. Y regresó donde las cabritas, tocó a la puerta y gritó:
-"Abran la puerta
queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído de regreso algo para cada una
de ustedes."-
Pero el lobo había
arrecostado sus patas contra la ventana, y las cabritas las vieron y gritaron:
-"No abriremos la
puerta, nuestra madre no tiene patas negras como las tuyas. ¡Tú eres el
lobo!"-
Entonces el lobo fue donde
un panadero y le dijo:
-"Me he herido los
pies, ponme un poco de masa sobre ellos."-
Y cuando el panadero hubo
cubierto sus pies, corrió donde el molinero y dijo:
-"Rocíame un poco de
harina sobre mis pies."-
El molinero pensó para sí
mismo:
-"Este lobo piensa
engañar a alguien."- y se negó.
Pero el lobo dijo:
-"Si no lo haces, te
devoraré."-

Entonces el molinero se
asustó, y le emblanqueció las patas.
Así el malvado fue por
tercera vez a la puerta de la casa, tocó y dijo:
-"Abran la puerta
queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído del bosque algo para cada una
de ustedes."-
Las cabritas
gritaron:
-"Primero muéstranos
tus patas para saber si eres nuestra querida madrecita."-
Entonces él puso sus
patas en la ventana, y cuando vieron que eran blancas, creyeron que todo lo que
dijo era cierto y abrieron la puerta. ¡Pero ¿quien entró?, si no el malvado
lobo! Ella se aterrorizaron y buscaron a esconderse. Una salto bajo la mesa, la
segunda se metió dentro de la cama, la tercera dentro de la estufa, la cuarta
en la cocina, la quinta en el armario, la sexta bajo el fregadero, y la séptima
dentro de la caja del reloj de péndulo.
Pero el lobo las encontró,
y sin ninguna ceremonia, una a una se las fue tragando. La más joven, que
estaba dentro de la caja del reloj, fue a la única que no encontró.
Cuando el lobo quedó
satisfecho con su apetito, salió, y se arrecostó bajo un árbol en el prado
verde, y se quedó dormido. Poco después llegó la vieja cabra a casa de nuevo.
¡Oh, qué panorama el que ella encontró! La puerta de la casa permanecía
abierta. La mesa, las sillas y bancas todas tiradas por el suelo, el fregadero
quebrado en pedazos, los edredones y las almohadas quitadas de las camas. Ella
buscó a sus cabritas, pero no encontró a ninguna. Las llamó una a una por su
nombre, pero nadie contestaba. Al final cuando llamó a la más joven, una
vocecita gritó:
-"¡Mamita querida,
estoy en la caja del reloj!"-
Ella sacó a la cabrita y
ésta le contó que había venido el lobo y devoró a las otras. Entonces puedes
imaginarte cuánto lloró por sus pobres hijitas.
Soportando su dolor salió
afuera, y la cabrita salió con ella. Cuando llegaron al prado, allí yacía el
lobo bajo el árbol, y roncaba tan fuerte que hasta las ramas se movían. Ella
lo miró por todo lado, y observó que algo se movía y saltaba en su abultado
estómago.
-"¡Oh cielos!"-
dijo ella, ¿Sería posible que mis pobres hijitas, que se las tragó el lobo
para su cena, estuvieran aún con vida?"-
Entonces la cabrita menor
corrió a casa y trajo tijeras, una aguja e hilo, y la vieja cabra le abrió el
estómago al lobo, y cuando dificultosamente había hecho el primer corte, una
de las cabritas asomó su cabeza, y cuando el corte fue aumentado, todas las
seis saltaron hacia afuera, vivitas, y sin heridas, pues el malvado, en su
ansiedad, se las había tragado enteras. ¡Cuánta felicidad hubo! Abrazaron a
su querida madre, y saltaban como un marinero en su boda. La madre sin embargo
dijo:
-"Ahora vayan por
algunas piedras grandes, y le llenaremos a la malvada bestia el estómago con
ellas, mientras sigue dormido."-
Entonces las siete
cabritas le trajeron rápidamente las piedras, y pusieron tantas como pudieron
dentro del estómago, y la madre lo cosió de nuevo a la mayor velocidad, de
modo que él no se diera cuenta de nada y no notara ningún cambio.
Cuando al fin el lobo
despertó, se paró en sus patas, y las piedras en su estómago lo hicieron
sentir sed, y quiso ir al pozo a beber. Pero cuando empezó a caminar y moverse,
las piedras en su estómago pegaban unas con otras y sonaban. Entonces gritó:
-"¿Qué tumba y
retumba
dentro de mi pobre panza?
Yo pensé que eran seis cabritas,
pero no son sino piedras en danza."-
Cuando llegó al pozo se
paró a la orilla, y cuando justo se agachó a beber, las pesadas piedras lo
hicieron caer adentro. No tuvo ayuda alguna y se ahogó miserablemente.
Cuando las siete cabritas
vieron aquello, llegaron corriendo al sitio y gritaron en voz alta:
-"¡El lobo ha
muerto! ¡El lobo ha muerto!"-
Y danzaron llenas de
regocijo alrededor del pozo junto con su madre.
Enseñanza:
Siempre es lo mejor
obedecer las instrucciones de los padres.
Nunca se deben comunicar al enemigo los secretos de las defensas.

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