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019-Rapunzel 
Había una vez un hombre y
su esposa que por largo tiempo esperaron en vano por un hijo. Al fin la mujer
supo que Dios estaba por concederles el deseo. Esta gente tenían en su casa una
ventana en la parte de atrás desde la cual se veía un espléndido jardín,
lleno de las más bellas flores y hierbas. El jardín, sin embargo, estaba
rodeado por un gran muro, y nadie intentaba entrar en él porque pertenecía a
una "hechicera" que tenía grandes poderes y era temida por todo el
mundo. Un día la esposa estaba en la ventana mirando hacia abajo al jardín
cuando vio una era que estaba plantada con bellísimos rapunzeles (= rapónchigo
o nabiza: planta campanulácea de raíz comestible). Y las vio tan frescas y
verdes que suspiraba por ellas y le entró el gran antojo de comer algunas.
Ese deseo se incrementaba
día a día, y como ella sabía que no podía coger ninguna, fue perdiendo su
salud, y se veía pálida y miserable. Entonces su esposo se alarmó y preguntó:
-"¿Qué es lo que te
sucede, querida esposa?"-
-"¡Ay, si yo no
pudiera obtener alguno de los rapunzeles, que están en el jardín atrás de la
casa, para comerlos, me moriría."-
El hombre, que la amaba
mucho, pensó:
-"Antes que dejar que
mi mujer se muera, le traeré algunos rapunzeles, no importa lo que
cueste."-
Al medio oscurecer del
final de la tarde, escaló y atravesó el muro cayendo sobre el jardín de la
hechicera, rápidamente cogió un racimo de rapunzeles y se los llevó a su
esposa. Inmediatamente ella se hizo una ensalada y se la comió con mucho gusto.
A ella, sin embargo, le gustaron tanto, tanto, tanto, que al día siguiente
estaba tres veces más antojada que antes. Si él debía tener algún reposo,
debería ir otra vez más al jardín. En la penumbra del atardecer, sin embargo,
él bajó de nuevo el muro, pero cuando había bajado al suelo, se asustó
terriblemente pues encontró a la hechicera parada a su lado.
-"¿Cómo te
atreves"- dijo ella con una mirada furiosa, -"descender dentro de mi
jardín y robarme los rapunzeles como un ladrón? ¡Sufrirás por ello!"-
-"Oh"- contestó
él, -"deja que la misericordia tome el lugar de la justicia, yo sólo lo
hacía por necesidad. Mi esposa ha visto sus rapunzeles desde la ventana, y ha
sentido tan grande antojo por ellos, que moriría si no le llevo algunos para
comer"-
Entonces la hechicera dejó
que se calmara su enojo, y le dijo:
-"Si el caso es como
lo dices, te permitiré llevar contigo todos los que quieras, solamente con una
condición, deben darme la creatura que tu esposa traerá al mundo. Será muy
bien tratada, y yo cuidaré de ella como una madre."-
El hombre, aterrorizado,
consintió en todo, y cuando nació la creatura, la hechicera apareció al
momento, le dio a la creatura el nombre de Rapunzel, y se la llevó con ella.

Rapunzel se desarrolló
como la niña más bella bajo el sol. Cuando cumplió los doce años, la
hechicera la encerró en una torre, dentro del bosque, que no tenía puertas ni
escaleras, excepto una pequeña ventana arriba. Cuando la hechicera quería
subir, ella se paraba exactamente abajo de la ventana y gritaba:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Rapunzel tenía una
exuberante cabellera larga, muy fina y de un color dorado, y cuando ella oía la
voz de la hechicera, se soltaba las prensas que la sostenían, la amarraba de
una de las barras de la ventana, y entonces la dejaba caer veinte metros hacia
abajo, y la hechicera subía por medio de ella.
Como uno o dos años después,
sucedió que el hijo del rey, recorriendo el bosque, llegó a la torre. Entonces
el oyó una canción de una voz tan tierna que paró y se quedó escuchando. Era
la voz de Rapunzel, que en su soledad pasaba el tiempo haciendo resonar su dulce
voz. El hijo del rey quería subir hasta ella, y buscó la puerta que no encontró.
Él regresó al hogar, pero el canto tocó tan profundamente su corazón, que
todos los días iba al bosque a escucharla. Un día, cuando él estaba parado
detrás de un árbol, vio que la hechicera llegó allí, y escuchó lo que
gritaba:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Entonces Rapunzel bajó
las trenzas de su cabello, y la hechicera subió hasta ella.
-"Si esa es la
escalera por la que uno sube, probaré por esta vez mi fortuna."- dijo él.
Y al siguiente día,
cuando empezaba a oscurecer, él fue a la torre y gritó:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
Inmediatamente la
cabellera bajó y el hijo de rey subió. Al principio, Rapunzel quedó
terriblemente atemorizada cuando un hombre como sus ojos nunca habían conocido,
llegó donde ella. Pero el hijo del rey comenzó a hablarle como un amigo, y le
contó que su corazón estaba tan conmocionado que no tenía descanso, y que se
había visto forzado a verla. Entonces Rapunzel perdió su temor, y cuando le
preguntó que si ella lo tomaría por esposo, y ella vio que era joven,
apuesto y bueno, pensó:
-"Él me amará más
que la vieja hechicera."- y dijo sí, y puso sus manos en las de él.
Ella le dijo:
-"Estoy decidida a ir
contigo, pero yo no sé como bajar. Trae contigo un ovillo de seda cada vez que
vengas, y yo tejeré una escalera con ellos, y cuando esté lista, yo descenderé
y podrás llevarme en tu caballo."-
Ellos acordaron que
mientras llegaba ese momento, él vendría cada atardecer, ya que la vieja mujer
llegaba en las mañanas. La hechicera no sabía nada de eso, hasta que un día
inocentemente Rapunzel le dijo a ella:
-"Dime señora,
por qué sucede que eres mucho más pesada para mí de subirte, que el joven
hijo del rey? - él estará conmigo más tarde-"-
-"Ah já, chica
malvada"- gritó la hechicera, -"¿Qué es lo que he oído que
dijiste? Yo creía que te había separado del mundo, pero me has engañado."-
En su enojo ella agarró
las bellas trenzas de Rapunzel, las enrolló en su mano izquierda, sostuvo unas
tijeras con la derecha, y tras, tras, tras, todas fueron cortadas, y las
adorables trenzas quedaron en el suelo. Y estuvo tan sin piedad que se llevó a
Rapunzel a un desierto donde tuvo que vivir en gran pesadumbre y miseria.
Ese mismo día en que mudó
de sitio a Rapunzel, la hechicera al atardecer ató todas las trenzas que había
cortado del cabello de la muchacha, las amarró a las barras de la ventana, y
cuando el hijo del rey llegó y gritó:
-"Rapunzel, Rapunzel,
tírame tu cabellera a mí."-
dejó
caer las trenzas. El hijo del rey ascendió, pero no encontró a su amada
Rapunzel, sino a la hechicera, que le lanzaba malvadas y venenosas miradas.
-"¡Ah já!"-
gritaba mofándose, -"Hubieras alcanzado a tu apreciada, pero el bello pájaro
no se sienta más en el nido para cantar, el gato la ha capturado, y te arrancará
sus ojos también. Rapunzel está perdida para ti, nunca más la volverás a
ver."-
El hijo del rey se
confundió todo con dolor, y en su desesperación saltó desde lo alto de la
torre. Él escapó con vida, pero las zarzas en que cayó le agujerearon los
ojos. Entonces anduvo errante y ciego por el bosque, comiendo únicamente
raíces y bayas, y no hacía más que lamentarse y llorar por la pérdida de su
amada esposa.
Así él vagó
miserablemente por varios años, y al fin llegó al desierto donde estaba
Rapunzel, quien con los gemelos que ella había dado a luz, un niño y una niña,
vivían en desdicha.
Él oyó una voz, y le
pareció tan familiar que corrió hacia donde la oía, y cuando llegó, Rapunzel
lo reconoció y arrecostándolo sobre su cabeza, lloró. Dos de sus lágrimas le
humedecieron sus ojos, y le devolvieron la vista y pudo ver tan bien como antes.
Él entonces la llevó a su reino donde fue recibido con júbilo, y en adelante
vivieron muy felices y contentos.
Enseñanza:
Ante las dificultades,
nunca debe perderse la esperanza.

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