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021-La paja, la brasa y la judía
  
En una villa vivía una
pobre mujer, que había recogido un plato de judías y deseaba cocinarlas. Así
que la señora encendió su fogón, y para que ardiera más rápido trajo con un
puñado de pajas para atizarlo. Cuando estaba vaciando las judías a la olla,
una de ellas cayó al suelo sin que se diera cuenta, y quedó posada junto a una
paja, e instantes después una brasa encendida saltó del fuego y cayó en medio
de la paja y la judía.
Entonces la paja tomó la
palabra y dijo:
-"Queridas amigas, ¿de
adónde han llegado ustedes?"-
La brasa replicó:
-"Yo afortunadamente
salté del fuego, y si no hubiera escapado por fuerza mayor, mi muerte hubiera
sido cierta, y estaría convertida en cenizas."-
La judía dijo:
-"Yo también escapé
con mi pellejo entero, pero si la mujer me hubiera regresado a la olla, ya estaría
hecha puré como mis compañeras."-
-"¿Y podría haber
habido mejor destino para mí?"- dijo la paja, -"Esa mujer convirtió
a toda mi hermandad en fuego y humo. Ella cogió a sesenta hermanas de una sola
vez, y tomó sus vidas. Dichosamente yo resbalé de entre sus dedos."-
-"¿Pero que haremos
ahora?"- dijo la brasa.
-"Yo creo"-
contestó la judía, -"que como afortunadamente escapamos de la muerte,
debemos mantenernos juntas como buenas compañeras, y a menos que una desgracia
nos obligara a quedarnos aquí, debemos partir juntas e irnos para otras
tierras.
La propuesta complació a
las otras dos, y salieron a su camino en compañía. Sin embargo, pronto
llegaron a un pequeño riachuelo, y como no había puente ni tablón, no sabían
como hacer para pasar. La paja creyó tener una buena idea y dijo:
-"Yo me posaré entre
las dos orillas, y entonces ustedes pasan sobre mí como un puente."-
La paja, efectivamente se
posicionó de orilla a orilla, y la brasa, que era de una disposición
impetuosa, se subió rápidamente sobre aquél recién construido puente. Pero
cuando estaba por la mitad, oyó al agua corriendo debajo de ella, y después de
todo, se asustó y se quedó paralizada y no caminó más. La paja entonces
comenzó a arder, se rompió en dos partes y cayó a la corriente. La brasa
resbaló detrás de ella, se apagó en cuanto cayó al agua, y se ahogó. La judía
que se había quedado prudentemente en su orilla, no pudo más que reírse del
suceso, y le fue imposible parar, y se rió tan fuerte que se reventó. Ahí
pudo haber terminado todo para ella también, pero afortunadamente, un sastre de
muy buen corazón que buscaba trabajo y pasaba por allí, la vio, sacó hilo y
aguja, y la remendó. La judía le agradeció muy sinceramente, y desde
entonces, todas las judías tienen una costura al centro.
Enseñanza:
Antes de hacer una
alianza, siempre es bueno revisar que todos sus miembros sean compatibles.
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