024-Hermano y Hermana
Un hermano tomo de la mano
a su hermana y le dijo:
-"Desde que nuestra
madre murió no hemos tenido felicidad. Nuestra tutora nos golpea a diario, y si
nos acercamos a ella, nos patea con sus pies. Nuestras comidas es el pan viejo
que sobró días antes, y el perrito que se sienta bajo la mesa lo pasa mejor
que nosotros, pues a menudo le tira una buena porción. Que el Cielo tenga
piedad de nosotros. ¡Si sólo lo supiera nuestra madre! Ven hermana, tomemos
esta canasta con algunas frutas y vamos a recorrer el ancho mundo"-
Caminaron todo el día por
verdes campos y praderas, y lugares pedregosos, y cuando empezó a llover la
hermana dijo:
-"El Cielo y nuestros
corazones están llorando juntos."-
Al anochecer llegaron a un
gran bosque, y estaban tan cansados por la tristeza, el hambre y la larga
caminata que se acurrucaron en un hueco y se durmieron.
Cuando al día siguiente
despertaron, ya el sol estaba en lo alto, y brillaba caliente entre los árboles.
Entonces el hermano dijo:
-"Hermana, tengo sed,
si llego a encontrar alguna pequeña naciente, iré y tomaré agua. Me parece
escuchar una corriendo cerca."-
El hermano se levantó y
tomando a su hermana por la mano, salieron a buscar la naciente.
Pero la malvada tutora era
una hechicera, y notó que los jóvenes se habían ido, y los siguió
sigilosamente, como lo hacen las hechiceras, y embrujó a todas las nacientes
del bosque.
Ahora que ellos habían
encontrado una naciente brillante y salpicante sobre las piedras, el hermano iba
a beber agua de ella, pero la hermana oyó un murmullo en la corriente que decía:
-"¡Quien beba de mí,
se convertirá en tigre, quien beba de mí, se convertirá en tigre!"-
Entonces ella gritó:
-"¡Te lo ruego
querido hermano, no bebas, o te convertirás en una bestia salvaje y me harías
trizas."-
El hermano no bebió,
aunque estaba muy sediento, pero dijo:
-"Esperaré por el próximo
arroyo."-
Cuando llegaron al
siguiente arroyo, la hermana oyó al arroyo que también decía:
-"¡Quien beba de mí,
se volverá lobo, quien beba de mí, se volverá lobo!"-
Entonces la hermana gritó:
-"¡Te lo ruego
querido hermano, no bebas, o te volverás lobo y me devorarás!"-
El hermano no bebió, pero
dijo:
-"Esperaré una vez más
hasta el próximo arroyo, pero entonces beberé, no importa lo que digas, ya que
mi sed es muy grande."-
Y cuando llegaron al
tercer arroyo, la hermana escuchó su susurro que decía:
-"¡Quien beba de mí,
se convertirá en corso, quien beba de mí, se convertirá en corso!"-
Entonces ella gritó:
-"¡Te lo ruego
querido hermano, no bebas, o te convertirás en corso y me abandonarás!"-
Pero el hermano se
arrodilló de una vez sobre el arroyo, y apenas había empezado a tomar un sorbo
del agua, cuando se convirtió allí mismo en un joven corso.
Y ahora la hermana lloró
sobre su pobre hermano embrujado, y el pequeño animal lloró también, y se
sentó junto a ella. Pero al fin la joven dijo:
-"¡Quédate
tranquilo querido corsito, yo nunca, nunca te dejaré!"-
Ella se soltó su
prendedor de oro y lo puso en una suave cuerda, lo anudó muy bien y se lo colocó
al corso alrededor del cuello. Con eso ella se mantuvo unida con el pequeño
animal y lo dirigía, y se adentraron más profundamente en el bosque.
Y cuando ya habían
caminado un largo trecho, llegaron a una pequeña casa, y la joven se asomó.
Estaba vacía y ella pensó:
-"Podemos quedarnos
aquí y vivir."-
Entonces ella buscó hojas
y musgo para hacer una cama para el corso, y cada mañana salía y conseguía raíces
y bayas para ella misma, y pasto tierno para el corso, quien comía de su mano,
y muy contento jugueteaba a su alrededor. Al anochecer, cuando la hermana estaba
cansada, y después de decir sus oraciones, ella posaba su cabeza sobre el lomo
del corso como si fuera almohada, y se dormía suavemente allí. Y si solamente
su hermano tuviera la forma humana, todo sería una vida feliz .
Siguieron así solos por
un tiempo dentro de la foresta. Pero sucedió que un día el rey organizó una
gran cacería en el bosque. Entonces el sonido de las cornetas, el ladrido de
los perros, y los alegres gritos de los cazadores, se propagaban entre los árboles,
y el corso los escuchó, y se puso muy ansioso por estar allá.
-"¡Oh!"- le
dijo a la hermana, -"déjame ir a la cacería, no me aguanto las ganas de
estar allí."-
Y tanto le rogó que al
fin accedió.
-"Pero"- le dijo
ella, -"vuelve al anochecer. Yo cerraré la puerta por miedo a los rudos
cazadores, así que tocas la puerta y dices, "Hermana, déjame
entrar." y así sabré que eres tú. Y si no dices eso, no abriré la
puerta."-
Entonces el joven corso
salió rápidamente, saltando de alegría de estar al aire libre.
El rey y los cazadores
vieron al bello corso, y se fueron tras de él, pero no lo pudieron alcanzar, y
en los momentos que creían que ya lo tenían, él saltaba veloz entre los
arbustos y no podía ser visto. Cuando ya anocheció, él corrió hacia la
casita, tocó y dijo:
-"Hermana mía, déjame
entrar."-
Entonces la puerta fue
abierta para él, y de un salto se tiró en la suave cama y descansó toda la
noche.
Al siguiente día la cacería
empezó de nuevo, y cuando el corso escuchó de nuevo el bullicio de las
trompetas, y el ¡jo! ¡jo! de los cazadores, se inquietó, y dijo:
-"Hermana, déjame
salir, debo irme."-
Su hermana abrió la
puerta y dijo:
-"Recuerda que debes
regresar al anochecer y decir tu palabra secreta."-
Cuando el rey y sus
cazadores vieron de nuevo al joven corso con el prendedor de oro, todos lo
persiguieron, pero él era demasiado rápido y ágil para ellos. Así pasó todo
el día, pero al final de la tarde los cazadores lo cercaron, y uno de ellos le
hirió levemente una pata, de manera que corría y saltaba despacio. Entonces un
cazador lo siguió hasta llegar al refugio, y oyó cómo él decía:
-"Hermana, déjame entrar."-
Y vio cómo la puerta se
le abría, y se cerraba en cuanto entraba. El cazador tomó nota de todo
aquello, y fue donde el rey y le dijo lo que había visto y oído. Entonces el
rey dijo:
-"Mañana cazaremos
una vez más."-
La hermana, sin embargo,
se puso terriblemente asustada cuando vio que su cervatillo estaba herido. Ella
le lavó la sangre y le puso hierbas sobre la herida, y le dijo:
-"Vete a la cama,
querido corso, que te pondrás bien de nuevo."-
Pero la herida era tan
simple que el corso, a la mañana siguiente, ya no sentía molestia alguna.
Y cuando de nuevo oyó el
ruido afuera, dijo:
-"No aguanto más,
debo ir allá, ellos no me alcanzarán tan fácilmente."-
La hermana gritó y dijo:
-"¡Esta vez te matarán,
y yo estoy aquí sola en el bosque olvidada por todo el mundo. No te dejaré
salir!"-
-"Entonces me verás
morir de tristeza."- contestó el corso, -"Cuando yo oigo el sonar de
las trompetas siento como si tuviera que salirme de mi piel."-
Entonces la hermana no
pudo hacer otra cosa y le abrió la puerta con el corazón muy dolido, y el
corso, lleno de salud y dicha, se internó en el bosque.
Cuando el rey lo vio, dijo
a los cazadores:
-"Ahora persíganlo
por todo el día hasta que llegue la noche, pero tengan cuidado de no hacerle
ningún daño."-
Tan pronto como se puso el
sol, el rey dijo a los cazadores:
-"Ahora vamos y muéstrenme
el refugio que está en el bosque."-
Y cuando estuvo frente a
la puerta, la tocó y dijo:
-"Querida hermana, déjame
entrar."-
Entonces la puerta se abrió,
y el rey ingresó, y allí encontró la doncella más adorable que él hubiera
visto jamás. La joven se atemorizó cuando en vez de ver al cervatillo, vioa un
hombre que llevaba una corona de oro sobre su cabeza. Pero el rey la miró
amablemente, le extendió su mano y dijo:
-"¿Vendrías a mi
palacio y serías mi amada esposa?"-
-"¡Sí,
claro!"- respondió la doncella, -"Pero el cervatillo debe ir conmigo,
no puedo abandonarlo."-
-"Estará contigo
toda la vida, y nada le faltará." dijo el rey.
Justo en ese momento llegó
corriendo el corso, y la hermana lo ató de nuevo con la cuerda, la tomó en sus
manos, y salió con el rey alejándose del refugio.
El rey montó a la
adorable doncella en su caballo y la llevó a su palacio, donde luego la boda se
celebró con gran pompa. Ahora ella era la reina, y vivieron por un largo tiempo
juntos, y el corso era atendido y acariciado, y corría en los jardines del
palacio.
Pero la malvada tutora,
quien fuera la causante de la salida de los jóvenes hacia el mundo, creyó todo
el tiempo que la hermana había sido despedazada por las fieras salvajes del
bosque, y que el hermano convertido en corso, había sido tirado por los
cazadores. Ahora, cuando supo que ellos eran muy felices, y que estaban muy
bien, la envidia y el odio se levantaron en su corazón y no tenía paz, y no
pensaba en nada más que en cómo llevarlos a la mala situación de nuevo. La
propia hija de la tutora, que era horrible como una noche tormentosa, y que sólo
tenía un ojo, le dijo quejándose:
-"¡Una reina! Esa
debía ser mi suerte"-
-"Tranquilízate"-
contestó la vieja mujer, confortándola -"cuando llegue el momento, yo
estaré lista."-
Corriendo el tiempo, la
reina tuvo un precioso niño, y sucedió que ese día el rey andaba de cacería,
así que la vieja hechicera tomó la forma de la criada de la habitación, llegó
al cuarto donde la reina reposaba y le dijo:
-"Venga, el baño está
listo, le hará mucho bien, y le dará nuevas fuerzas. Dese prisa antes de
que se enfríe."-
Su fea hija estaba por ahí
cerca, y llevaron al cuarto de baño a la débil reina, y la pusieron en
el baño. Entonces cerraron la puerta y corrieron. Pero en el baño ellas habían
hecho un fuego tan mortal que la joven reina quedó pronto sofocada.
Una vez hecho eso, la
vieja mujer tomó a su hija, le puso una gorra de noche en su cabeza, y la acostó
en la cama en lugar de la reina. Le dio la forma y apariencia de la reina,
solamente que no pudo reponerle el ojo faltante. Pero para que el rey no se
diera cuenta esa noche, la acostó del lado en que no tenía ojo.
Al atardecer, cuando llegó
el rey y supo que tenían un hijo, se sintió muy halagado, y fue a la cama de
su amada esposa para ver cómo se encontraba. Pero la vieja mujer disfrazada
como la criada, rápidamente exclamó:
-"Por la vida de
ella, deje las cortinas cerradas. La reina no debe ver la luz todavía, y debe
reposar."-
El rey se fue, y no notó
que una falsa reina estaba en la cama.
Pero a medianoche cuando
todos dormían, la enfermera, que estaba sentada en la enfermería cerca
de la cuna, y quien era la única persona despierta, vio abrirse la puerta y
entrar a la verdadera reina. La reina sacó al niño fuera de la cuna, lo puso
en sus brazos y lo amamantó. Luego sacudió la almohadilla, acostó al niño y
lo cubrió con la cobijita. Tampoco había olvidado al corso, y fue al rincón
donde dormía, y le acarició la espalda. Entonces ella salió silenciosamente
por la puerta de nuevo. A la mañana siguiente la enfermera preguntó a los
guardas si alguien había venido al palacio durante la noche, pero ellos
contestaron:
-"No, no hemos visto
a nadie."-
Ella llegó así muchas
noches, y nunca decía una palabra. La enfermera siempre la veía, pero no se
atrevía a contárselo a nadie. Pasado un tiempo de esa forma, la verdadera
reina comenzó a hablar cuando llegaba en la noche y decía:
-"¿Qué será de mi
niño, qué será de mi cervatillo?
Dos veces más vendré, luego nunca más."-
La enfermera no contestó,
pero cuando la reina salió, ella fue donde el rey y le contó todo. El rey
dijo:
-"¡Oh Dios! ¿Qué
es todo esto? Mañana en la noche yo vigilaré al niño."-
Al anochecer él entró a
la enfermería, y a medianoche la reina apareció de nuevo y dijo:
-"¿Qué será de mi
niño, qué será de mi cervatillo?
Una vez más vendré, luego nunca más."-
Y ella amamantó al niño,
lo que siempre hacía antes de desaparecer. El rey no se atrevió a hablarle,
pero también a la siguiente noche él vigiló. Entonces ella dijo:
-"¿Qué será de mi
niño, qué será de mi cervatillo?
Esta vez vine, pero ya nunca más."-
Entonces el rey no pudo
retenerse y de un salto se adelantó hacia ella y dijo:
-"Tú no puedes ser
nadie más que mi amada esposa."-
Ella contestó:
-"Sí, yo soy tu
amada esposa."-
Y en ese mismo momento
ella volvió a la vida, y por la gracia de Dios se puso lozana, fresca, de piel
rosada y llena de salud.
Entonces le contó al rey
de las malvadas acciones que contra ella hicieron la hechicera mujer y su hija,
de lo cual serían las culpables. El rey ordenó que ambas fueran llevadas a la
justicia, y un juicio se celebró contra ellas. Las dos fueron exhorcitadas para
eliminarles sus brujerías y condenadas a trabajos forzados por el resto de sus
vidas. Inmediatamente el corso cambió a su forma humana, y entonces la hermana
y el hermano vivieron felices en palacio por todas sus vidas.
Enseñanza:
La buena hermandad genera
fortaleza.

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