033-El Mantel, La Mochila, el Sombrero y el Cuerno
Había una vez tres
hermanos que habían caído profundamente en la pobreza, y al final su necesidad
fue tan grande que tenían que soportar hambres, no teniendo nada para comer o
beber. Entonces dijeron:
-"No podemos seguir
así aquí, mejor vamos por el mundo en busca de fortuna."-
Por lo tanto se pusieron
en marcha. Habían ya caminado un largo sendero y pasado por muchos campos, pero
no tenían aún buena suerte. Un día llegaron a un gran bosque, y en medio de
él había una colina, y cuando se acercaron a ella, vieron que la colina era
toda de plata. Entonces el mayor habló:
-"Ya encontré la
buena suerte que deseaba, y ya no buscaré nada más."
Él tomó tanta plata como
pudo cargar, y dio media vuelta y regresó a su casa. Pero los otros dos
dijeron:
-"Nosotros queremos más
buena suerte que la simple plata."- y sin tocarla siguieron adelante.
Después de caminar dos días más sin parar, llegaron a otra colina que era
toda de oro. El segundo hermano paró, meditó consigo mismo, y estuvo indeciso.
-"¿Qué debería
hacer?"- dijo él, -"¿debo tomar para mí lo más que pueda de este
oro, con lo que tendría suficiente para el resto de mi vida, o debería avanzar
más?"-
Por fin tomó una decisión,
y poniendo lo más que pudo de oro en sus bolsos, dijo adiós a su hermano, y
regresó a casa. Pero el tercero dijo:
-"El oro y la plata
no me motivan, no renunciaré a mi oportunidad de fortuna, quizás algo aún más
valioso me será dado."-
Él siguió hacia
adelante, y cuando había caminado por tres días, llegó a un bosque que era aún
más grande que el anterior, y al que no se le veía un fin, y como no
encontraba nada que comer o beber, se sentía todo exhausto. Entonces subió a
un árbol bien alto para averiguar si allá arriba podría ver dónde terminaba
el bosque, pero hasta donde los ojos le permitían ver, sólo veía copas
de árboles. Entonces comenzó a descender del árbol, pero el hambre lo
atormentaba, y pensó:
-"¡Si al menos
pudiera comer una vez más!"-
Una vez abajo él encontró,
con asombro, una mesa bajo el árbol ricamente servida con comida, cuyos vapores
subían hasta su nariz.
-"Esta vez"-
dijo, -"mi deseo ha sido cumplido a cabalidad en el momento
oportuno."-
Y sin preocuparse en
averiguar quién habría traído la comida, o quién la preparó, se sentó a la
mesa y comió con gran disfrute hasta haber satisfecho su hambre. Una vez
terminado, pensó:
-"Después de todo
sería una verdadera lástima que el bello y pequeño mantel de esta mesa fuera
abandonado en este bosque."-
Y lo enrolló bien
apretado y lo puso en su bolso. Entonces prosiguió la marcha hacia adelante, y
al anochecer, cuando de nuevo sintió hambre, el quiso usar el mantel como sábana,
y lo extendió y dijo:
-"¡Cuánto me gustaría
verte de nuevo cubierto de buenos alimentos!"-
Y no había terminado de
pronunciar la última palabra de su deseo cuando aparecieron sobre el mantel
muchos platos con la más exquisita comida, llenando todos los espacios
disponibles sobre el mantel.
-"Ahora me doy
cuenta"- se dijo, -"en qué cocina se hace mi comida. Tú serás más
apreciado por mí que las montañas de oro y plata."-
Vio claramente que aquél
era un mantel de los deseos. Sin embargo, el mantel no era aún suficiente para
volver tranquilamente a casa. Él prefirió viajar más por el mundo y buscar
aumentar su fortuna.
Una noche él encontró,
en un bosque solitario, a un sucio y negro carbonero, quien estaba quemando carbón
allí, y tenía algunas papas en el fuego, con las que estaba preparando su
comida.
-"¡Buenas noches, pájaro
negro! dijo cariñosamente el joven, -"¿Cómo vives en esta
soledad?"-
-"Un día es como
cualquier otro"- replicó el carbonero, -"¡y cada noche papas! ¿Te
gustaría tomar algunas y ser mi invitado?"-
-"Muchas
gracias"- contestó el viajero, -"No pienso quitarte un pedacito de tu
cena, pues no esperabas una visita, pero si quieres compartir la cena que
traigo, tienes la invitación."-
-"¿Y quién te la va
a preparar?"- preguntó el carbonero, -"Veo que no traes nada
contigo, y no hay nadie a menos de dos horas de camino que te pudiera alistar
algo."-
-"Pues va a haber
cena."- contestó el joven, -"y de lo mejor que jamás hayas
probado."-
Ahí mismo sacó el mantel
de su mochila, la extendió en el suelo, y dijo:
-"Mantelito,
mantelito, cúbrete tu mismo."-
Instantáneamente,
ensaladas, postres, carnes asadas y cocidas aparecieron allí, y tan calientitas
como recién sacadas de la cocina. El carbonero se quedó viendo admirado, pero
no necesitó de mucha insistencia para acomodarse junto a la comida, y llevar
grandes bocados a su boca. Cuando ya hubieron comido de todo, el carbonero sonrió
contento y dijo:
-"¡Mira tú! tu
mantel tiene mi aprobación. Sería algo muy provechoso para mí en el bosque,
donde nadie me cocina nada bueno. Te propongo un trueque: allá en aquel rincón
cuelga una mochila militar, que ciertamente está vieja y fea, pero contiene
poderes maravillosos, y como yo no la uso, te la cambiaría por el
mantel."-
-"Primero debo saber
que clase de poderes son."- contestó el muchacho.
-"Eso es lo que te
diré."- contestó el carbonero. -"Cada vez que la palmees con la
mano, un sargento con seis soldados armados de pies a cabeza se te hace
presente, y ellos harán lo que le comandes hacer."-
-"Eso me
interesa"- dijo el joven, -"si ninguna otra cosa podemos hacer, lo
cambiaremos."-
Le dio al carbonero el mantel, desenganchó la
mochila militar de donde colgaba, y poniéndosela le dijo adiós. Después de un
poco de caminar, quiso hacer una prueba de los poderes mágicos de su mochila y
la palmeó. Inmediatamente los siete guerreros saltaron ante él, y el sargento
dijo:

-"¿Qué es lo que mi
señor y jefe desea que hagamos?"-
-"Vayan a toda
velocidad donde el carbonero, y exíjanle que me regrese mi mantel de los
deseos."- contestó.
Ellos hicieron giro a la
izquierda, y fue cuestión de unos instantes para que estuvieran de regreso con
lo solicitado, habiéndolo tomado del carbonero sin hacer mayores preguntas. El
joven les ordenó retirarse, siguió adelante su camino con la esperanza de que
la fortuna brillara aún mejor para él. A la hora de la puesta del sol llegó
hasta donde estaba otro carbonero, quien estaba preparando su cena junto al
fuego.
-"Si puedes comer
algunas papas con sal, pero sin aderezos, ven y siéntate conmigo."- dijo
el hollinado amigo.
-"No"- contestó,
-"esta vez tú serás mi invitado."-
Y extendió el mágico
mantel, que instantáneamente se llenó con los más delicados platos. Comieron
y bebieron juntos, y lo disfrutaron plenamente. Una vez terminada la cena, el
carbonero dijo:
-"Allá arriba, en
aquella ramita, hay un sombrero viejo y usado que tiene propiedades extrañas:
cuando alguien se lo pone, y lo gira sobre su cabeza, salen doce cañones
disparando a la vez, derribándolo todo, de modo que nadie puede oponérseles.
El sombrero no tiene uso para mí, y estoy dispuesto a cambiártelo por tu
mantel."-
-"Eso me calza muy
bien."- le contestó.
Tomó el sombrero, se lo
puso y dejó el mantel con el carbonero. Difícilmente había recorrido unos
cientos de pasos cuando palmeó sobre la mochila, y mandó a sus soldados a
capturar de nuevo el mantel.
-"Una cosa trae
consigo otra cosa"- pensó él, -"y yo siento como que mi suerte no ha
llegado aún a su fin."-
Sus pensamientos no lo
engañaban. Después de haber caminado otro día entero, encontró a un tercer
carbonero, quien como los anteriores, lo invitó a las papas sin aderezo. Pero
el joven también lo invitó a cenar por medio del mantel de los deseos, y al
carbonero le gustó tanto el mantel, que por fin le ofreció un cuerno a cambio,
el cual tenía cualidades muy diferentes a las del sombrero. Cuando alguien lo
sopla todas las paredes y fortificaciones se derrumban, y toda la ciudad o villa
queda en ruinas.
Ciertamente hizo el trato
y cambió el mantel por el cuerno, pero como en las veces anteriores, envió al
regimiento a capturar y regresarle el mantel de nuevo.
-"Ahora"- se
dijo él, -"soy un hombre completo, y es hora de regresar a casa y ver cómo
les está yendo a mis hermanos."-
Cuando llegó a su casa,
sus hermanos se habían construido para ellos bellísimas casas con el oro y la
plata que trajeron, y vivían cómodamente. Él fue a visitarlos, pero como sus
ropas estaban andrajosas, con un lamentable sombrero en su cabeza, y la sudada y
sucia mochila en su espalda, ellos no lo reconocieron como a su hermano. Más
bien se burlaron y dijeron:
-"Tú dices ser
nuestro hermano quien despreció oro y plata para buscar algo mucho mejor para
él. Cuando él venga lo hará sobre un carruaje lleno de esplendor como un rey
poderoso, no como un mendigo."- y le cerraron la puerta.
Entonces se enojó mucho,
y palmeó su mochila muchas veces, hasta que ciento cincuenta hombres se
presentaron ante él, bien armados de pies a cabeza. Les ordenó rodear las
casas de sus hermanos, y dos soldados fueron a traer varillas de avellanos, y
con ellos castigaron a los insolentes hombres, hasta que confesaron que sí sabían
quien era.
Aquello provocó un gran
disturbio, la gente corría desesperada buscando dar auxilio a aquellos dos en
su necesidad, pero contra estos soldados nada había que hacer.
Al fin le llegaron
noticias al rey sobre este asunto, quien se enfureció, y ordenó a un capitán
marchar con su tropa y sacar al provocador fuera de la ciudad. Pero el hombre de
la mochila pronto consiguió un regimiento más grande de hombres, quienes
rechazaron al capitán y su grupo, los que tuvieron que irse sufriendo múltiples
heridas. El rey dijo:
-"Este vagabundo no
ha sido puesto en orden aún."- y al día siguiente envió a una aún más
grande tropa contra él, pero todavía hicieron menos.
El joven entonces puso más
hombres contra el rey, y para terminar más rápido, giró dos veces en sombrero
sobre su cabeza, y pesados cañones empezaron a trabajar, y los hombres del rey
fueron derrotados y puestos en fuga.
-"Y ahora"- dijo
él, -"no haré la paz hasta que el rey me de a su hija por esposa, y me
ponga a gobernar todo el reino en su nombre."-
Él mandó a anunciarle
esto al rey, quien al saberlo dijo a su hija:
-"La necesidad es una
nuez muy dura de quebrar, ¿qué más me queda por hacer sino lo que él
solicita? Si yo quiero paz y mantener la corona sobre mi cabeza, no tengo más
opción que entregarte"-
Así pues se celebró la
boda, pero la hija del rey estaba molesta de que su marido fuera un hombre común,
que usaba un lamentable sombrero, y cargaba una sucia y vieja mochila.
Ella quería deshacerse de
él, y de noche y de día estudiaba cómo podría realizarlo. Entonces pensó:
-"¿Sería posible
que sus maravillosos poderes radicaran en su mochila?"-
Y ella lo cuidó y acarició,
y cuando su corazón se había suavizado, le dijo:
-"Si tú pudieras
alejar de tu lado esa horrible mochila, que tanto te desfigura, yo ya no me
sentiría avergonzada de ti."
-"Mi querida niña"-
dijo él, -"esta mochila es mi mayor tesoro. Mientras yo la tenga, no hay
poder en la tierra al cual yo le tema."-
Y él le reveló a ella la
maravillosa virtud con la cual estaba poseída la mochila. Entonces ella se
abalanzó en sus brazos como si fuera a besarlo, pero con gran destreza le quitó
la mochila de sus hombros, y corrió con ella. Tan pronto como se sintió
alejada, la palmeó, y ordenó a los soldados capturar a su antiguo amo, y
sacarlo del palacio. Ellos obedecieron, y la obligada esposa envió aún más
hombres tras de él, a que lo sacaran también del país.
Él habría sido derrotado
si no hubiera tenido el viejo sombrero. Y como aún conservaba un poco de
libertad en sus manos, pudo girar un par de veces el sombrero. Inmediatamente
los cañones empezaron a disparar, y golpearon duramente todo, y la hija del rey
se vio forzada a venir a pedir clemencia. Y en el tanto que ella aceptó los términos,
y prometió arrepentimiento, él se permitió ser persuadido y le dio la paz.
Ella actuó cariñosamente como si lo amara mucho, y después de un tiempo llegó
a ablandarlo tanto que él le confió que si alguien llegara a tener la mochila
en su poder, no podría hacerle ningún daño mientras él mismo tuviera en sus
manos el viejo sombrero.
Cuando ella supo el nuevo
secreto, esperó a que se durmiera, le quitó el sombrero y lo tiró a la calle.
Pero aún le quedaba el cuerno, y con gran enojo él lo sopló con todas sus
fuerzas. Instantáneamente todas las paredes, fortificaciones, ciudades, pueblos
y villas se vinieron abajo, y el rey y su hija quedaron aplastados entre las
ruinas. Y sin haber terminado él de soplar un poco más y de bajar su cuerno,
todo se redujo a escombros, y no quedó piedra sobre piedra, y él mismo terminó
siendo la última víctima de aquella hecatombe.
Enseñanza:
Lo que de buena fe ha sido
intercambiado, jamás debe ser arrebatado, de lo contrario sólo servirá
para generar su propia desgracia.

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