65 CUENTOS DE HADAS DE LOS HERMANOS GRIMM EN ESPAÑOL
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Esta
versión es idéntica a la versión
original de Charles Perrault Había una vez un molinero
cuya única herencia para sus tres hijos eran su molino, su asno y su gato.
Pronto se hizo la repartición sin necesitar de un clérigo ni de un abogado,
pues ya habían consumido todo el pobre patrimonio. Al mayor le tocó el molino,
al segundo el asno, y al menor el gato que quedaba. El pobre joven amigo
estaba bien inconforme por haber recibido tan poquito. -"Mis hermanos"-
dijo él,-"pueden hacer una bonita vida juntando sus bienes, pero por mi
parte, después de haberme comido al gato, y hacer unas sandalias con su piel,
entonces no me quedará más que morir de hambre."- El gato, que oyó todo
eso, pero no lo tomaba así, le dijo en un tono firme y serio: -"No te preocupes
tanto, mi buen amo. Si me das un bolso, y me tienes un par de botas para mí,
con las que yo pueda atravesar lodos y zarzales, entonces verás que no eres tan
pobre conmigo como te lo imaginas."- El amo del gato no le dio
mucha posibilidad a lo que le decía. Sin embargo, a menudo lo había visto
haciendo ingeniosos trucos para atrapar ratas y ratones, tal como colgarse por
los talones, o escondiéndose dentro de los alimentos y fingiendo estar muerto.
Así que tomó algo de esperanza de que él le podría ayudar a paliar su
miserable situación. Después de recibir lo
solicitado, el gato se puso sus botas galantemente, y amarró el bolso alrededor
de su cuello. Se dirigió a un lugar donde abundaban los conejos, puso en el
bolso un poco de cereal y de verduras, y tomó los cordones de cierre con sus
patas delanteras, y se tiró en el suelo como si estuviera muerto. Entonces
esperó que algunos conejitos, de esos que aún no saben de los engaños del
mundo, llegaran a mirar dentro del bolso. Apenas recién se había
echado cuando obtuvo lo que quería. Un atolondrado e ingenuo conejo saltó a la
bolsa, y el astuto gato, jaló inmediatamente los cordones cerrando la bolsa y
capturando al conejo. Orgulloso de su presa, fue
al palacio del rey, y pidió hablar con su majestad. Él fue llevado arriba, a
los apartamentos del rey, y haciendo una pequeña reverencia, le dijo: -"Majestad, le traigo
a usted un conejo enviado por mi noble señor, el Marqués de Carabás. (Porque
ese era el título con el que el gato se complacía en darle a su amo)."- -"Dile a tu
amo"- dijo el rey, -"que se lo agradezco mucho, y que estoy muy
complacido con su regalo."- En otra ocasión fue a un
campo de granos. De nuevo cargó de granos su bolso y lo mantuvo abierto hasta
que un grupo de perdices ingresaron, jaló las cuerdas y las capturó. Se
presentó con ellas al rey, como había hecho antes con el conejo y se las
ofreció. El rey, de igual manera recibió las perdices con gran placer y le dio
una propina. El gato continuó, de tiempo en tiempo, durante unos tres meses,
llevándole presas a su majestad en nombre de su amo. Un día, en que él supo
con certeza que el rey recorrería la rivera del río con su hija, la más
encantadora princesa del mundo, le dijo a su amo: -"Si sigues mi
consejo, tu fortuna está lista. Todo lo que debes hacer es ir al río a bañarte
en el lugar que te enseñaré, y déjame el resto a mí."-
El Marqués de Carabás
hizo lo que el gato le aconsejó, aunque sin saber por qué. Mientras él se
estaba bañando pasó el rey por ahí, y el gato empezó a gritar: -"¡Auxilio!¡Auxilio!¡Mi
señor, el Marqués de Carabás se está ahogando!"- Con todo ese ruido el rey
asomó su oído fuera de la ventana del coche, y viendo que era el mismo gato
que a menudo le traía tan buenas presas, ordenó a sus guardias correr
inmediatamente a darle asistencia a su señor el Marqués de Carabás. Mientras
los guardias sacaban al Marqués fuera del río, el gato se acercó al coche y
le dijo al rey que, mientras su amo se bañaba, algunos rufianes llegaron y le
robaron sus vestidos, a pesar de que gritó varias veces tan alto como pudo: -"¡Ladrones!¡Ladrones!"- En realidad, el astuto
gato había escondido los vestidos bajo una gran piedra. El rey inmediatamente
ordenó a los oficiales de su ropero correr y traer uno de sus mejores vestidos
para el Marqués de Carabás. El rey entonces lo recibió muy cortesmente. Y ya
que los vestidos del rey le daban una apariencia muy atractiva (además de que
era apuesto y bien proporcionado), la hija del rey tomó una secreta inclinación
sentimental hacia él. El Marqués de Carabás sólo tuvo que dar dos o tres
respetuosas y algo tiernas miradas a ella para que ésta se sintiera fuertemente
enamorada de él. El rey le pidió que entrara al coche y los acompañara en su
recorrido. El gato, sumamente
complacido del éxito que iba alcanzando su proyecto, corrió adelantándose.
Reunió a algunos lugareños que estaban preparando un terreno y les dijo: -"Mis buenos amigos,
si ustedes no le dicen al rey que los terrenos que ustedes están trabajando
pertenecen al Marqués de Carabás, los harán en picadillo de carne."- Cuando pasó el rey, éste
no tardó en preguntar a los trabajadores de quién eran esos terrenos que
estaban limpiando. -"Son de mi señor,
el Marqués de Carabás."- contestaron todos a la vez, pues las amenazas
del gato los habían amedrentado. -"Puede ver señor"-
dijo el Marqués, -"estos son terrenos que nunca fallan en dar una
excelente cosecha cada año."- El hábil gato, siempre
corriendo adelante del coche, reunió a algunos segadores y les dijo: -"Mis buenos amigos,
si ustedes no le dicen al rey que todos estos granos pertenecen al Marqués de
Carabás, los harán en picadillo de carne."- El rey, que pasó momentos
después, les preguntó a quien pertenecían los granos que estaban segando. -"Pertenecen a mi señor,
el Marqués de Carabás."- replicaron los segadores, lo que complació al
rey y al marqués. El rey lo felicitó por tan buena cosecha. El fiel gato siguió
corriendo adelante y decía lo mismo a todos los que encontraba y reunía. El
rey estaba asombrado de las extensas propiedades del señor Marqués de Carabás. Por fin el astuto gato
llegó a un majestuoso castillo, cuyo dueño y señor era un ogro, el más rico
que se hubiera conocido entonces. Todas las tierras por las que había pasado el
rey anteriormente, pertenecían en realidad a este castillo. El gato que con
anterioridad se había preparado en saber quien era ese ogro y lo que podía
hacer, pidió hablar con él, diciendo que era imposible pasar tan cerca de su
castillo y no tener el honor de darle sus respetos. El ogro lo recibió tan
cortesmente como podría hacerlo un ogro, y lo invitó a sentarse. -"Yo he oído"-
dijo el gato, -"que eres capaz de cambiarte a la forma de cualquier
creatura en la que pienses. Que tú puedes, por ejemplo, convertirte en león,
elefante, u otro similar."- -"Es cierto"-
contestó el ogro muy contento, -"Y para que te convenzas, me haré un león."- El gato se aterrorizó
tanto por ver al león tan cerca de él, que saltó hasta el techo, lo que lo
puso en más dificultad pues las botas no le ayudaban para caminar sobre el
tejado. Sin embargo, el ogro volvió a su forma natural, y el gato bajó, diciéndole
que ciertamente estuvo muy asustado. -"También he oído"-
dijo el gato, -"que también te puedes transformar en los animales más
pequeñitos, como una rata o un ratón. Pero eso me cuesta creerlo. Debo
admitirte que yo pienso que realmente eso es imposible."- -"¿Imposible?"-
gritó el ogro, -"¡Ya lo verás!"- Inmediatamente se
transformó en un pequeño ratón y comenzó a correr por el piso. En cuanto el
gato vio aquello, lo atrapó y se lo tragó. Mientras tanto llegó el
rey, y al pasar vio el hermoso castillo y decidió entrar en él. El gato, que
oyó el ruido del coche acercándose y pasando el puente, corrió y le dijo al
rey: -"Su majestad es
bienvenida a este castillo de mi señor el Marqués de Carabás."- -"¿Qué? ¡Mi señor
Marqués!" exclamó el rey, -"¿Y este castillo también te pertenece?
No he conocido nada más fino que esta corte y todos los edificios y propiedades
que lo rodean. Entremos, si no te importa."- El marqués brindó su
mano a la princesa para ayudarle a bajar, y siguieron al rey, quien iba
adelante. Ingresaron a una espaciosa sala, donde estaba lista una magnífica
fiesta, que el ogro había preparado para sus amistades, que llegaban
exactamente ese mismo día, pero no se atrevían a entrar al saber que el rey
estaba allí. Su majestad estaba
perfectamente encantado con las buenísimas cualidades de mi señor el Marqués
de Carabás, y observando que su hija se había enamorado violentamente de él,
y después de haber visto sus grandes posesiones, y además de haber bebido ya
cinco o seis vasos de vino, le dijo: -"Será solamente tu
culpa, mi señor Marqués de Carabás, si no llegas a ser mi yerno."- El marqués, haciendo
varias pequeñas reverencia, aceptó el honor que Su Majestad le estaba
confiriendo, y enseguida, ese mismo día se casó con la princesa. El gato llegó a ser un
gran señor, y ya no tuvo que correr tras los ratones, excepto para
entretenerse. Enseñanza: Recibir una valiosa
herencia puede ser de alguna ayuda, pero aún más valiosos son la inteligencia
y el ingenio que no se heredan de nadie.
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