046-Las Zapatillas Desgastadas por Danzar
Había una vez un rey que
tenía doce hijas, y cada una parecía más encantadora que la otra. Todas dormían
en una misma alcoba, con sus camas lado a lado, y cuando iban a dormir, el rey
les cerraba con llave su habitación para que nadie pudiera llegar a
molestarlas.
Pero sucedía que en cada
mañana, cuando él abría la puerta, veía que las zapatillas de todas ellas
estaban desgastadas como cuando se baila mucho, y nadie podía imaginar como era
que sucedía eso. Entonces el rey emitió una proclama diciendo que quienquiera
que descubriera cómo y donde sus hijas iban a bailar, podría escoger a una de
ellas por esposa, y que además lo nombraría heredero del reino cuando él
muriera. Pero eso sí, si al cabo de tres días no había encontrado la
respuesta, sería condenado a trabajos forzados de por vida.
Al poco tiempo se presentó
el hijo de otro rey, y se ofreció para el intento. Fue muy bien recibido, y al
anochecer fue alojado en una habitación contigua a las princesas. Allí tenía
su cama, y se alistó para ver a dónde las princesas iban y bailaban. Y para
asegurarse de que no hicieran nada en secreto o se trasladaran a otro sitio,
dejaba la puerta del cuarto de ellas abierta.
Pero los párpados del príncipe
se pusieron tan pesados como el plomo, y cayó dormido, y cuando despertó en la
mañana, vio que todas las doce habían ido al baile, ya que sus zapatillas
estaban con huecos en las suelas. La segunda y tercera noche sucedió
exactamente lo mismo, y fue condenado a los trabajos forzados sin piedad.
Muchos otros vinieron
luego a tratar de descifrar el enigma, pero corrieron la misma suerte. Hasta que
un día sucedió que un pobre soldado, que tenía una herida que le impedía
trabajar, se encontró en el camino hacia la ciudad donde vivían el rey y sus
princesas. Allí él conoció a una anciana que le preguntó hacia donde
iba.
-"Difícilmente lo
sabría"- le respondió, y agregó como en broma -"tengo la intención
de descubrir en dónde es que bailan las princesas y desgastan sus zapatillas, y
así llegaría a ser rey."-
-"Eso no es tan difícil"-
dijo la anciana, -"no debes de beber el vino que te ofrezcan al anochecer,
y luego finges estar profundamente dormido."-
Tras esas palabras ella le
dio un manto y le dijo:
-"Cuando te lo pones
encima, te harás invisible, y entonces podrás vigilar a las doce
doncellas."-
Habiendo recibido estas
magníficas ayudas, decidió ir al grano, alentó a su corazón, y fue donde el
rey a anunciarse como competidor. Él fue recibido tan bien como los anteriores,
y le pusieron indumentaria real. A la hora de dormir fue llevado a la habitación
contigua, y cuando ya estaba a punto de ir a su cama, llegó la mayor de las
princesas trayéndole una copa de vino. Pero como él ya estaba preparado, había
amarrado una esponja bajo su barbilla, y dejó correr el vino hacia ella,
sin probar una sola gota y sin que cayera nada al suelo.
Entonces se acostó en su
cama, y pasado un rato comenzó a fingir que roncaba, como si estuviera
profundamente dormido. Las doce princesas reían al oírlo, y la mayor dijo:
-"Él también, debió
haberse evitado los futuros trabajos forzados."-
Con todo eso sucedido,
ellas se levantaron, fueron a sus armarios, sacaron preciosos vestidos, se
arreglaron ante los espejos, se pintaron muy coquetamente, y se regocijaron
pensando en el baile de esa noche. Solamente la más joven dijo:
-"No sé que me pasa,
ustedes están muy felices, pero yo me siento extraña, con un presentimiento de
que algo desafortunado nos va a ocurrir."-
-"Pareces un ganso,
que siempre pasa asustado."- dijo la mayor, -"¿Has olvidado ya cuántos
príncipes han venido en vano? No había necesidad de darle un vino para dormir
a un simple soldado, pero de todas formas el payaso no despertará en toda la
noche."-
Cuando ya todas estuvieron
realmente listas, observaron con cuidado al soldado, pero él había cerrado muy
bien sus ojos, y no se movía para nada, así que se sintieron bien seguras.
Entonces la mayor se dirigió a su cama, la golpeó, y la cama se hundió en la
tierra, dejando a la vista un pasadizo secreto, y todas, una a una, descendieron
por él, yendo de primera la mayor.
El soldado, que había
observado todo, se levantó de inmediato, se puso el manto encima, y bajó detrás
de la más joven. A medio camino de las gradas, él majó el ruedo del vestido
de ella. Al no ver a nadie, ella se asustó muchísimo y gritó:
-"¿Qué pasa? ¿Quien
me está majando mi vestido?"-
-"¡No seas
tonta!"- dijo la mayor, -"¡Simplemente se te prensó en un
clavo!"-
Siguieron bajando las
gradas, y cuando llegaron al final, se encontraban en una maravillosa avenida de
árboles cuyas hojas eran de plata, que brillaban y parpadeaban. El soldado pensó:
-"Llevaré una
muestra conmigo"-
Y arrancó una pequeña
ramita de ellos, con lo cual el árbol sonó estrepitosamente.
La menor gritó de nuevo:
-"¡Algo anda mal!,
¿no oyeron quebrarse una rama?"-
Pero la mayor contestó:
-"Es solo un arma
disparada para celebrar que nos hemos librado de otro concursante rápidamente."
Siguieron más adelante a
una avenida donde todos los árboles tenían sus hojas de oro, y por último a
una tercera en que las tenían de diamante. Él corto una ramita de cada clase,
las que también hicieron un gran estruendo al quebrarse, y que aterrorizaron aún
más a la más joven, pero la mayor insistía en que eran saludos de bienvenida.
Luego llegaron a un gran
lago donde se encontraban doce botes, y en cada bote estaba sentado un apuesto
príncipe, quienes esperaban por ellas, y cada princesa se subió al bote de su
correspondiente príncipe. El soldado con la capa invisible se sentó en el bote
de la más joven.
Entonces su príncipe
dijo:
-"No sé por qué,
pero siento al bote más pesado que de costumbre. Tendré que remar con todas
mis fuerzas para atravesar el lago."-
-"¿Y qué podría
ser la causa?"- preguntó ella, -"¿será acaso el tiempo caliente?
Hoy siento mucho calor."-
Al lado opuesto del lago
se presentaba un espléndido castillo de luces brillantes, donde resonaba música
deleitante de trompetas, panderetas y tambores. Todos bajaron allí, entraron y
cada príncipe danzó con la joven de su preferencia, y el soldado se mezclaba
entre los danzantes sin ser visto, y cuando alguna de ellas tenía una copa de
vino en su mano, él la bebía, de modo que cuando ella iba a beberla, ya estaba
vacía. La menor estaba bien alarmada por todo eso, pero la mayor siempre la
obligaba a callar.
Ellos y ellas bailaban
hasta las tres de la mañana, cuando ya todas las zapatillas tenían sus suelas
llenas de huecos, y se veían forzadas a regresar. Los príncipes las acompañaron
remando en sus botes, pero esta vez el soldado se montó en el bote de la mayor.
Cuando atravesaron el lago, ellos las ayudaron a bajar de los botes y
prometieron regresar a la noche siguiente.
El soldado se adelantó a
todas ellas y subió de prisa las gradas y se acostó en su cama. Cuando las
princesas llegaron despaciosa y silenciosamente, lo observaron aparentemente
bien dormido, y roncaba tan fuerte que se dijeron:
-"En cuanto a él
concierne, podemos estar tranquilas."-
Ellas se cambiaron sus
trajes por su ropa de dormir, pusieron sus zapatillas desgastadas bajo las
camas, y se acostaron a dormir. Al día siguiente el soldado decidió no hablar
aún, pero sí a vigilarlas de nuevo, y sin que lo vieran, las acompañó. Y
todo sucedió como la noche anterior, y bailaban hasta que sus zapatillas
quedaban desgastadas. Pero a la tercera noche el se guardó una copa como
testimonio.
Cuando llegó el momento
de dar su informe, él tomó las tres ramas y la copa, y fue donde el rey. Las
doce doncellas permanecieron detrás de la puerta para escuchar lo que él diría.
El rey preguntó:
-"¿En dónde has
estado mis hijas desgastando sus zapatillas bailando?"-
El soldado contestó:
-"En un castillo bajo
la tierra, con doce príncipes."-, y relató cómo sucedió todo, y cómo
trajo las muestras de testimonio.
El rey llamó a su
presencia a las princesas y les preguntó si el soldado había dicho la verdad.
Al ver ellas las pruebas contundentes, y que cualquier falsedad no tendría
cabida, se vieron obligadas a confesarlo todo. Entonces el rey le preguntó al
soldado cuál preferiría por esposa, él contestó:
-"Ya no soy tan
joven, así que escojo a la mayor."-
Y ese mismo día se celebró
la boda, y se formalizó la promesa de dejarle el reino a su fallecimiento. A
solicitud del soldado, el rey liberó de su condena a los que con anterioridad
habían intentado descubrir el misterio pero que fallaron.
Enseñanza:
Teniendo precaución y con
las herramientas adecuadas, las tareas se pueden realizar exitosamente.

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