055-El Músico Maravilloso
Había una vez un maravilloso músico, que andaba completamente solo por un bosque y pensaba
en montones de cosas, y cuando ya no tuvo en que más pensar, se dijo a sí
mismo,
-"El tiempo y la soledad comienzan a pasar pesadamente conmigo aquí en el bosque,
necesitaré hacerme de una buena compañía para mí."-
Entonces él tomó su violín de su espalda, y lo empezó a tocar de modo que
resonara por entre los árboles. No pasó mucho rato antes de que un lobo
viniera trotando por la espesura hacia él.
-"¡Ah, aquí viene un lobo! ¡Él no es de mi complacencia!"- dijo el músico.
Pero el lobo vino más cerca y le dijo,
-"Ah, querido músico, qué maravillosamente tocas. Me gustaría aprender
a hacerlo yo también."-
-"Eso se aprende rápido,"- contestó el músico, -"solamente debes
de hacer todo lo que yo te pida."-
- "¡Ah, músico!"- dijo el lobo, -"te obedeceré como un
alumno obedece a su maestro."-
El músico lo pidió que lo siguiera, y cuando ya habían caminado parte del camino juntos,
llegaron a un viejo roble que estaba hueco por dentro, y partido al medio.
-"Mira,"- dijo el músico, -"si vas a aprender a tocar violín, pon
las patas delanteras en esta grieta."-
El lobo obedeció, pero el músico rápidamente recogió una piedra y con un
rápido golpe acuñó sus dos patas tan firmemente que el lobo quedó obligado a quedarse allí
preso.
-"Permanece allí hasta que yo vuelva,"- dijo el músico, y
se alejó por el camino.
Al cabo de un rato, otra vez se dijo él mismo,
-"El tiempo y la soledad comienzan a pasar pesadamente conmigo aquí en el bosque,
atraeré aquí a otro compañero,"- y tomó su violín y otra vez lo tocó
en el bosque.
No pasó mayor tiempo antes de que un zorro viniera caminando entre los
árboles hacia él.
-"¡Ah, está llegando un zorro!" dijo el músico. -"¡Tampoco lo
deseo de compañero!"-

El zorro se le acercó y le dijo,
-"¡Ah, querido músico! ¡En que forma maravillosa tocas ese violín! Me gustaría aprender
a hacerlo yo también."-
-"Eso se aprende rápido,"- contestó el músico, -"solamente
debes de hacer todo lo que yo te pida."-
- "¡Ah, músico!"- dijo el zorro, -"te obedeceré como un
alumno obedece a su maestro."-
-"Sígueme,"- dijo el músico."-
Y cuando ya habían andado una parte del camino, llegaron a un angosto sendero, con arbustos altos a ambos lados. Allí el músico se
paró, y de un lado inclinó un joven arbusto color de avellana hacia la tierra, y
lo sostuvo poniéndole su pie por encima, y del otro lado también inclinó un árbol joven, y dijo,
-"Ahora zorrito, si vas a aprender a tocar violín, dame la pata
izquierda delantera."
El zorro obedeció, y el músico sujetó su pata a la rama izquierda. -"Ahora
zorrito,"- dijo él, -"me alcanzas tu pata derecha",- y la ató a la rama derecha.
Cuando el músico había examinado que ambas patas del zorro estaban bien
sujetas, soltó las ramas de sus pies y los arbustos se enderezaron de nuevo,
dejando al pobre zorro suspendido en el aire.
-"Espera aquí hasta que yo vuelva otra vez,"- dijo el músico, y
siguió su camino.
Al cabo de un rato, otra vez se dijo él mismo,
-"El tiempo y la soledad comienzan a pasar pesadamente conmigo aquí en el bosque,
así que atraeré aquí a otro compañero,"- y tomó su violín y otra vez lo tocó
en el bosque.
Entonces una pequeña liebre vino saltando hacia él. -
-"¿Por qué viene una liebre?,"- dijo el músico, -"no la quiero."-
-"¡Ah, querido músico! ¡Qué manera tan maravillosa de tocar ese violín! Me gustaría aprender
a hacerlo yo también,"- le dijo la liebre.
-"Eso se aprende rápido,"- contestó el músico, -"solamente
debes de hacer todo lo que yo te pida."-
- "¡Ah, músico!"- respondió la liebre, -"te obedeceré como un
alumno obedece a su maestro."-
-"Sígueme,"- dijo el músico."-
Y así siguieron una parte del camino juntos hasta que llegaron a un espacio abierto en el bosque, donde
había un árbol de álamo. El músico ató una cuerda larga alrededor del cuello de la pequeña
liebre y el otro final lo sujetó al árbol.
-"¡Ahora, rápidamente, liebrecita, gira veinte veces alrededor del árbol!"- gritó el músico.
La pequeña liebre obedeció, y cuando ya había girado las veinte veces, la
cuerda se había enroscado totalmente alrededor del tronco del árbol, y la pequeña liebre
quedó atrapada. Y la dejó que se moviera lo que quisiera, pero eso sólo hizo
que se le maltratara su sensible cuello.
-"Espérame aquí hasta que yo vuelva,"- dijo el músico, y se fue por
el camino.
El lobo, mientras tanto, había empujado, tirado y mordido la piedra, y había trabajado
con empeño y por tanto tiempo que logró poner sus pies en libertad y los sacó
de la hendidura del tronco. Lleno de cólera y rabia se apresuró a ir detrás del músico
para tratar de despedazarlo.
Cuándo el zorro vio al lobo correr, comenzó a lamentarse, y gritó con toda su fuerza,
-"Lobo hermano, ven en mi ayuda, que el músico me ha engañado!"-
El lobo dobló hacia abajo el pequeño árbol y mordió la cuerda, liberando
así al zorro quien fue con él para tomar parte en la venganza contra el músico.
En seguida encontraron a la liebre atada, a quien igualmente ellos liberaron, y luego todos
juntos fueron a buscar al traidor.
El músico había tocado una vez más su violín más adelante en su camino, y esta vez
había sido más afortunado. El sonido alcanzó los oídos de un pobre leñador, que al instante,
sin pensarlo dos veces, dejó su trabajo y vino con su hacha bajo el brazo para escuchar
la música.
-"Por fin viene el compañero adecuado,"- dijo el músico, -"ya que yo buscaba a un ser humano, y
no a una bestia salvaje."-
Y él comenzó a tocar tan maravillosamente y deliciosamente que el pobre hombre estuvo de pie allí como
encantado, y su corazón saltaba con alegría.
Y mientras él estaba así de pie, el lobo, el zorro, y la liebre llegaron, y él vio
muy bien que ellos traían alguna mala intención. Entonces levantó su hacha brillante y se colocó
delante del músico, como queriendo decir, -"¡A quienquiera
que busque tocarlo, le advierto, tendrá que vérselas conmigo!"- Entonces las bestias
se aterrorizaron y retrocedieron corriendo hacia el bosque. El músico, sin embargo,
tocó una vez más al hombre en agradecimiento, y luego siguió adelante su
camino.
Enseñanza:
Nunca
deben de traicionarse las promesas hechas, como hizo el músico con los
animalitos. Lo correcto es ser sincero y decir francamente si no se está en
capacidad de dar o hacer algo, pero jamás, jamás, ofrecer falsamente y luego incumplir o causar daño.

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