062-La Boda de Hans

Había
una vez un joven campesino llamado a Hans, cuyo tío quiso encontrarle una
esposa rica. Él por lo tanto sentó a Hans detrás de la estufa, la que estaba
muy caliente. Entonces le trajo un
vaso de leche y mucho pan blanco, le dio una brillante recién acuñada moneda
en su mano, y le dijo,
-"Hans, sostén esa
moneda fuertemente, desmiga el pan blanco en la leche, y permanece donde
estás, y no te muevas de este sitio antes de que yo vuelva."-
- "Sí,"- dijo
Hans, -"haré todo eso"-
Entonces el tío se
puso un viejo pantalón remendado con parches, fue a donde la hija de un
campesino rico en el pueblo vecino, y le dijo,
-"¿No se casaría
usted con mi sobrino Hans?, usted conseguiría a un hombre honesto y sensible
que le satisfaría."
El padre codicioso preguntó,
-"¿Cómo está el en
cuanto a sus medios? ¿Tiene pan para compartir?"-
-"Querido
amigo,"- contestó el tío, -"mi sobrino joven tiene un asiento cómodo,
un trozo agradable de dinero en la mano, y mucho pan para compartir, además él
tiene completamente tantos parches como tengo yo," (y al hablar, daba
palmadas a los parches en su pantalón, pero en aquellos caseríos, las parcelas
de tierra eran también llamados "parches".) "Si usted sacara el
rato para ir a casa conmigo, usted verá inmediatamente que todo es como le he
dicho."-

Entonces el avaro padre no
quiso perder esta buena oportunidad, y dijo,
-"Si así es el caso,
no tengo nada más que hablar para contradecir el matrimonio."-
Así la boda fue celebrada
durante el día designado, y cuando la joven esposa salió al aire libre para
ver la propiedad del novio, Hans se quitó su abrigo de domingo y se puso su
vestido de trabajo remendado con parches y dijo,
-"Se me podría
estropear mi abrigo bueno."-
Entonces ellos salieron
juntos y dondequiera que una división viniera a la vista, o los campos y
los prados se vieran separados el uno del otro, Hans señalaba con su dedo y
luego daba palmadas a un parche grande o a uno pequeño que hubiera en su
remiendo en su vestido de trabajo, y decía,
"Este parche es mío,
y ese otro también, mi muy querida esposa, sólo míralo,"- suponiendo así
que su esposa no debería contemplar la amplia tierra, sino su ropa, la que sí
era realmente de su propiedad.
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Y tú lector, me
preguntas:
-"¿De veras
estuviste en la boda?",
-"Sí, por supuesto
que estuve, y con traje completo. Mi sombrero era de nieve (por decir blanco),
pero vino el sol y lo derritió. Mi abrigo era de telas de araña (por decir de
finos hilos), pero tuve que pasar entre unas espinas y me lo rasgaron. Mi
zapatos eran de cristal (por decir muy brillantes), y cuando tropecé con una
piedra, hicieron "clic" y se quebraron en dos."-
Enseñanza:
Nunca
debe de hablarse con doble significado o doble sentido en las frases y palabras.
Es mejor dejar siempre bien claro lo que se dice, sin tratar de engañar a
nadie.

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