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064-La Luna

Hace
mucho tiempo, había una tierra donde las noches eran siempre oscuras, y la
extensión del cielo sobre ella era como una tela negra, allí la luna nunca
salió, y ninguna estrella brillaba en la oscuridad. En la creación del
mundo, la luz por la noche no fue tomada en cuenta.
Tres jóvenes compañeros
salieron una vez de este país en una expedición de aventura, y llegaron a otro
reino, donde a la tarde, cuando el sol había desaparecido detrás de las
montañas, un globo iluminado se veía colocado en un roble, el cual emitía una
luz suave, lejana y amplia.
Por medio de este globo,
todo podría ser muy bien visto y reconocido, aunque su luz no fuera tan
brillante como la del sol. Los viajeros pararon y preguntaron a un campesino que
conducía por delante su carro, que tipo de luz era esa.
-"Es la luna,"-
contestó él; -"nuestro alcalde la compró con tres monedas de oro, y la
sujetó al roble. Él tiene que verterle aceite diariamente, y mantenerla
limpia, de modo que siempre pueda brillar claramente. Él recibe de nosotros una
moneda por semana por hacerlo."-
Cuando el campesino se había
ido, uno de ellos dijo,
-"Nosotros podríamos
hacer muy buen uso de esta lámpara. Tenemos un roble en casa, que es tan grande
como este, y podríamos colgarla en él. ¡Qué placer sería no sentir por la
noche la total oscuridad!"-
-"Te diré lo
que haremos,"- dijo el segundo; -"traeremos un carro y caballos y nos
llevaremos la luna. La gente de aquí puede comprarse otra."-
- "Yo soy un buen
trepador,"- dijo el tercero, -"la bajaré."-
El cuarto trajo un carro y
caballos, y el tercero subió al árbol, hizo un agujero en la luna, pasó
una cuerda por ella, y la bajó.

Cuando el globo brillante
estuvo en el carro, la cubrieron con una tela, de modo que nadie pudiera
observar el robo. Ellos regresaron sin peligro a su propio país, y la colocaron
en un roble alto. Viejos y jóvenes se alegraron cuando la nueva lámpara emitió
su ligero brillo sobre todo el territorio, y dormitorios y salones se llenaron
de su brillo. Los enanos salieron de sus cuevas en las rocas, y los diminutos
duendes con sus pequeños abrigos rojos bailaban en rondas en los prados.
Los cuatro tuvieron
cuidado de que la luna fuera proveída de aceite, y la limpiaban adecuadamente,
y recibían su moneda semanal. Pero ellos se hicieron ancianos, y cuando uno de
ellos se puso enfermo, y vio que estaba a punto de morir, designó que un cuarto
de la luna, como parte su propiedad, debiera ser puesto en la tumba con él.
Cuando él murió, el alcalde subió al árbol, y le cortó un cuarto con la
cizalla para setos, y este fue colocado en su ataúd.
La luz de la luna
disminuyó, pero todavía era visible. Cuando el segundo murió, el segundo
cuarto fue sepultado con él, y la luz disminuyó más. Se puso más débil
todavía después de la muerte del tercero, quién igualmente se llevó su parte
de ella con él; y cuando el cuarto llegó a su tumba, el viejo estado de
oscuridad se reanudó, y siempre que la gente salía por la noche sin sus
linternas, se golpeaban sus cabezas unos con otros.
Sin embargo, como los
pedazos de la luna se habían unido juntos otra vez en el mundo inferior, donde
la oscuridad siempre prevalecía, vino a hacer que los muertos se agitaran y
despertaran de su sueño. Y se sorprendieron cuando se sintieron capaces
de ver otra vez. La luz de la luna era completamente suficiente para ellos, ya
que sus ojos se habían hecho tan débiles que no podrían haber aguantado la
brillantez del sol. Ellos se levantaron y se pusieron contentos, y regresaron a
sus antiguos modos de vivir. Algunos iban a los juegos y a bailar, otros se
fueron a los comercios, donde pidieron vino, se emborracharon, se
pelearon, y por fin tomaron porras y se apalearon unos a otros. El ruido se hizo
mayor y mayor, hasta que por fin llegó al cielo.
San Pedro, que guarda la
puerta de cielo, pensó que el mundo inferior había estallado en rebelión y
reunió a las tropas divinas, que deben hacer retroceder a Satanás cuando él y
sus socios asaltan el domicilio del cielo. Como éstos no llegaron, subió a su
caballo y saliendo por la puerta de cielo, descendió al mundo de abajo. Allí
él redujo a los muertos al sometimiento, les pidió que se acostaran en sus
tumbas otra vez, y se llevó la luna con él y la colgó en el cielo, donde quedó
desde entonces.
Enseñanza:
Cada cosa debe de
usarse con el propósito para el cual fue creado.

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