069-La astuta hija del campesino 
Había una vez un campesino pobre que no tenía ninguna
tierra, solamente una cabaña y una hija. Un día dijo la hija:
-"Deberíamos pedir a nuestro señor el Rey un
poco de la tierra recién limpiada."-
Cuando el Rey oyó de su pobreza, él les ofreció unas
tierras, que ella y su padre araron, y tuvieron la intención de sembrar con un
poco de maíz y otros granos similares. Cuando ellos habían arado casi el todo
el campo, encontraron en la tierra un mortero, pero sin su manubrio, hecho de oro puro.
-"Escucha"-, dijo el padre a la muchacha, -"como
nuestro señor el Rey ha sido tan cortés y nos ha dado el campo, deberíamos
darle este mortero a cambio de ello."-
La hija, sin embargo, no estaba de acuerdo con ello, y
le dijo:
-"Padre, si tenemos el mortero sin tener el
manubrio también, tendremos que conseguir el manubrio, entonces no debería
decir nada sobre eso."-
Sin embargo él no obedeció, tomó el mortero y se lo
llevó al Rey, diciéndole que lo había encontrado en la tierra otorgada, y le
preguntó si lo aceptaría como un presente. El Rey tomó el mortero, y preguntó
si no había encontrado nada además de eso.
-"No"-, contestó el campesino.
Entonces el Rey dijo que debe traerle ahora el manubrio.
El campesino dijo que ellos no lo habían encontrado, pero eso fue como haberle
hablado al viento y él fue puesto en prisión, y debía quedarse allí hasta
que él produjera el manubrio. Los criados tuvieron que llevarle diariamente
pan y agua, que es lo que le dan a la gente que entra en la prisión, y ellos oían
como el hombre lanzaba un grito contínuamente:
-"¡Ay! ¡si yo sólo hubiera escuchado a mi hija!"-
-"¡Ay, ay, si tan sólo hubiera escuchado a mi
hija!"-, y ni comía ni bebía.
Entonces él Rey mandó que los criados le trajeran al
preso ante él, y preguntó al campesino por qué él siempre gritaba:
-"¡Ay! ¡si yo sólo hubiera escuchado a mi hija!"-
y que era lo que su hija había dicho.
-"Ella me dijo que yo no debería traele el
mortero, ya que debería traerle el manubrio también."-
-"Si usted tiene a una hija que es tan sabia, que
me la traigan aquí."-
Ella fue por lo tanto obligada a aparecer ante el Rey,
quien le preguntó que si ella realmente era tan sabia, él le pondría un
acertijo, y si ella pudiera resolverlo, él se casaría con ella. Ella
inmediatamente dijo que sí, que ella lo adivinaría. Entonces dijo el Rey:
-"Ven aquí sin vestido, pero no desnuda, no
montada, no caminando, no por el camino, y no fuera del camino, y si puedes
hacer eso me casaré contigo."
Entonces ella se marchó, aplazó toda otra actividad,
y luego alquiló un asno, se desvistió, tomó una gran red de pesca, y se sentó
en ella y se cubrió completamente una y otra vez alrededor de ella, de modo que
no quedó desnuda ni vestida, y ató la red del pescador a la cola del asno de
modo que fuera obligado a arrastrarla a lo largo, y así no iba montaba a
caballo, ni andando. El asno también tuvo que arrastrarla por los espaldones
del camino, de modo que ella sólo tocaba la tierra con su dedo gordo del pie, y
así no estaba ni en el camino, ni fuera del camino. Y cuando ella llegó
de aquella manera, el Rey dijo que había resuelto el acertijo y había
realizado todas las condiciones. Entonces él ordenó que su padre fuera
liberado de la prisión, la tomó como esposa, y dio a su cuidado todas las
posesiones reales.
Ahora, después de que algunos años habían pasado, el
Rey preparaba una vez sus tropas para un desfile, cuando sucedió que algunos
campesinos que habían estado vendiendo madera pararon con sus carretas frente
al palacio; y algunos de ellos tenían bueyes atados a las carretas, y
otros les ataban a las carretas caballos. Había un campesino que tenía tres
caballos, uno de los cuales era un recién nacido potro joven, y éste se escapó
y fue a posarse entre dos bueyes que estaban delante de la carreta. Cuando los
campesinos se encontraron, comenzaron a disputar y golpearse el uno al otro y
hacer una perturbación, y el campesino con los bueyes quiso quedarse con el
potro diciendo que uno de los bueyes le había dado a luz, y el otro dijo que
fue su yegua quien lo había tenido, y que por eso era de su propiedad.

La pelea llegó ante el Rey, y él dio el veredicto de
que el potro debería quedarse donde había sido encontrado, y así el campesino
con los bueyes, a quien no le pertenecía, lo consiguió. Entonces el otro se
fue lejos, y lloró y se lamentó de su potro. Ahora, él había oído que su señora
la Reina era muy cortés, porque ella ella misma había salido de gente campesina
pobre, así que él fue y le pidió que ella viera si podía ayudarle a
recuperar a su potro otra vez. Dijo ella:
-"Sí, le diré que hacer, si me promete no decir
que yo se lo dije. Temprano mañana por la mañana, cuando el Rey revise la
guardia, párese allí en medio del camino por el cual él debe pasar, tome una
gran red de pesca y finja ser un pescador; empiece a imitar que pesca, y vacíe
la red como si la hubiera sacado llena"-.
Y luego ella le dijo también lo que él debería decir
si fuera interrogado por el Rey.
Al día siguiente, por lo tanto, el campesino estuvo de
pie allí, y simuló pescar en la tierra seca. Cuándo el Rey pasó, y lo vio,
envió a su mensajero para preguntar sobre qué estaba haciendo ese hombre
estúpido. Él contestó:
-"Soy pescador"-.
El mensajero le preguntó cómo él podría pescar
cuando no había ninguna agua allí.
El campesino dijo:
-"Es tan fácil para mí pescar en la tierra firme
como es para un buey dar a luz a un potro"-.
El mensajero volvió y le dio la respuesta al Rey, que
ordenó que el campesino le fuera traído y le dijo que esa no era su propia
idea, y que quería saber de quien era.
El campesino debe confesarlo inmediatamente. El
campesino, sin embargo, no lo hizo, y dijo siempre:
-"Dios prohibe hacerlo, la idea es mía"-.
Entonces lo pusieron, en un montón de paja, y lo
golpearon y lo atormentaron por tanto rato que por fin él confesó que la idea
fue de la Reina.
Cuándo el Rey llegó a casa otra vez, dijo a su esposa:
-"¿Por qué te has comportado tan falsamente
conmigo? No te tendré más tiempo por esposa; el tiempo tuyo terminó,
vuelve al lugar de donde viniste, a tu choza campesina"-.
Un favor, sin embargo, él le concedió: que podría
tomar con ella una cosa que fuera la más querida y la mejor a sus ojos; y
así fue ella despedida. Ella dijo:
-"Sí, mi querido marido, si usted manda esto,
así lo haré"-, y ella lo abrazó y lo besó, y dijo que ella se
despediría de él.
Entonces ella ordenó que le fuera traída una poderosa
pócima adormecedora, he hizo una bebida para decirle adiós a él y que la
bebiera; el Rey tomó una buena cantidad, pero ella tomó sólo un poco. Él
pronto cayó en un sueño profundo, y cuando ella percibió eso, llamó a un
criado y tomó una tela de lino blanca justa y abrigó al Rey en ella, y el
criado fue obligado a llevarlo en un carro que estaba listo al frente de la
puerta, y entonces lo condujo con él a su propia pequeña casa campesina.
Ella lo puso en su pequeña cama, y él durmió un día
y una noche sin despertar, y cuándo él despertó, miró alrededor y dijo:
-"Dios bueno! ¿dónde estoy?"-
Él llamó sus asistentes, pero ninguno de ellos estaba
allí. Con mucho cariño su esposa vino al lado de la cama y dijo:
-"Mi querido señor y Rey, usted me dijo que yo
podría traer conmigo del palacio lo que fuera más querido y lo más precioso a
mis ojos. No tengo nada más precioso y querido que usted, entonces por eso le
he traído conmigo"-.
Las lágrimas brotaron a los ojos del Rey y él dijo:
-"Querida esposa, tu serás para mí y yo seré
para tí"-.
Y él la regresó consigo al palacio real, siempre como
su esposa. Y en este momento ellos todavía viven muy felizmente.
Enseñanza:
La sabiduría bien
aplicada es fuente de inmensos beneficios.

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