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070-Compartiendo dicha y tristeza

Había una vez un sastre, que era un compañero peleón, y su esposa, que era
buena, laboriosa, y piadosa, nunca podía complacerlo. Independientemente de lo
que ella hiciera, él nunca estaba satisfecho, y se quejaba y la reprendía, y
le pegaba y la golpeaba. Era un violentador doméstico. Cuando las autoridades
por fin oyeron de ello, lo llamaron a cuentas, y lo pusieron en la prisión a
fin de hacerlo mejor. Él fue guardado por un tiempo a solo pan y agua, y luego
fue puesto en libertad otra vez. Él fue obligado, sin embargo, a prometer no
golpear más a su esposa, y a vivir con ella en paz, y a compartir con ella dichas
y tristezas, como la gente casada debe de hacer.
Todo continuó bien durante un tiempo, pero llegó un momento en que él cayó
en sus viejos caminos, y de nuevo se puso hosco y peleón. Y como él no se
atrevía a golpearla, intentó agarrarla por el pelo y arrancárselo. La mujer
se escapó de él, y saltó al jardín, pero él corrió tras ella llevando su
regla de medidas y tijeras, y la persiguió lanzando la regla de medidas y las
tijeras hacia ella y lo que hubiera interpuesto en el trayecto. Cuando algo la
golpeaba él se reía, y cuando no lo lograba, se enfurecía y blasfemaba.
Esto continuó por un buen rato hasta que los vecinos vinieron en ayuda de la
esposa. El sastre fue otra vez convocado antes de los magistrados, y recordado
de su promesa.
-"Queridos señores"-, dijo él, -"he guardado mi palabra, no
la he golpeado, pero he compartido la dicha y la tristeza con ella."-
-"¿Cómo puede ser"-, dijo el juez, -"cuando ella
continuamente trae tales quejas pesadas contra usted?"-
-"No la he golpeado, sino que ella me pareció tan extraña que quise
peinar su pelo con mis manos; pero ella, sin embargo, se escapó de mí, y
me abandonó completamente y rencorosamente. Entonces corrí tras ella a fin de
devolverla a su deber, y lo que le lanzé a ella fue sólo una advertencia hecha
con buena intención con lo primero que encontré a mano. He compartido la alegría
y la pena con ella también, ya que siempre que yo la alcanzaba, yo me llenaba de
dicha y ella de tristeza, y si yo no la alcanzaba, entonces ella se sentía
dichosa y yo triste."- dijo burlonamente.
Los jueces no estuvieron satisfechos por esta respuesta, pero le dieron
la recompensa que él mereció, y de nuevo fue a dar a la celda por muchísimo
largo tiempo a pan y agua y trabajos forzados.
Enseñanza:
Siempre debe haber absoluto respeto y cariño
entre los esposos. Cualquier divergencia debe conversarse amablemente y llegar a
acuerdos llenos de amor y paz. La violencia doméstica es un gran crimen y debe
ser castigado con firmeza.

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