093-La Joven sin Manos 
Un cierto molinero había caído poco a poco en la pobreza, y no tenía nada más,
excepto su molino y un manzano grande, atrás en el patio.
Una vez, cuándo había entrado al bosque para traer madera, un anciano que
nunca había visto antes se acercó hasta él, y le dijo,
-"¿Por qué te molestas cortando madera?, te haré
rico, si me prometes darme lo qué está de pie detrás de tu molino."-
-"¿Qué puede ser sino sólo mi manzano?"- pensó el molinero, y dijo,
-"Sí,"- y dio la promesa por escrito al forastero.
El anciano, sin embargo, se rió en tono burlón y dijo,
-"Cuando hayan pasado tres años, vendré y me llevaré lo que me pertenece,"- y
se fue.
Cuándo el molinero llegó a casa, su esposa vino para encontrarlo y
le dijo, -"Dime, ¿de donde viene esta riqueza repentina en nuestra casa? De repente cada caja y
baúl estuvieron llenos de monedas y joyas; nadie las hizo llegar, y no sé como pasó."-
Él contestó,
-"Esto viene de un forastero que me encontró en el bosque, y me prometió el gran tesoro. A cambio, le he prometido
lo que está de pie detrás del molino; podemos muy bien darle el manzano grande"-
-"¡Ay, marido!,"- dijo la esposa aterrorizada,
-"¡ese debe haber sido el diablo! Él no quiso decir el manzano, sino nuestra hija, que estaba de pie detrás del molino
limpiando el jardín."
La hija del molinero era una muchacha hermosa, piadosa, y sobrevivió los tres años en el
amor a Dios y sin pecado. Cuando el tiempo se cumplió, y vino el día cuando el
malvado debía llevarla, ella se lavó quedando bien limpia, e hizo un círculo alrededor de ella con
tiza. El diablo apareció bien temprano, pero él no podía acercársele. Furiosamente,
le dijo al molinero,
-"Aleja toda agua de ella, de modo que no pueda ser capaz de lavarse ella
misma, porque de lo contrario entonces no tengo ningún poder sobre ella."-
El molinero tuvo miedo, y lo hizo así. A la mañana
siguiente, el diablo vino otra vez, pero ella había llorado en sus manos, y
estaban completamente limpias. Otra vez él no podía acercarse a ella, y furiosamente dijo al molinero,
-"Córtale sus manos, porque no puedo acercarme ella."-
El molinero quedó impresionado y contestó,
-"¿Cómo podría yo cortar las manos a mi propia
hija?"-
Entonces el malvado lo amenazó y dijo,
-"Si tú no lo haces, tú serás mío y te llevaré."-
El padre se alarmó, y prometió obedecerle.
Entonces él fue donde muchacha y le dijo,
-"Hija mía, si no te corto las manos, el diablo me llevará,
y como estaba aterrorizado, le he prometido hacerlo. Ayúdame en mi necesidad, y
perdóname el daño que te hago."-
Ella contestó,
-"Querido padre, haz conmigo lo que necesites, yo soy tu
hija."-
Con eso ella posó ambas sus manos, y le fueron cortadas. El diablo vino por tercera vez, pero ella había llorado tanto tiempo y tanto en los tocones, que después de todo ellos
estaban completamente limpios. Entonces él tuvo que darse por vencido, y había perdido
todo poder sobre ella.
El molinero le dijo entonces a su hija,
-"He recibido por medio de ti tan grandes riquezas, que
cuidaré de ti lo más delicadamente mientras vivas."-
Pero ella contestó,
-"Aquí no puedo quedarme, iré afuera, y gente
compadecida me dará tanto como requiera."-
Entonces ella hizo que sus brazos mutilados fueran ligados a su espalda, y
a la salida del sol salió a su camino, y anduvo el día entero hasta que la noche se
acercó.
Ella llegó a un jardín real, y con el brillar de la luna
vio que los árboles
estaban cubiertos de frutas hermosas creciendo en ellos, pero no podía
entrar pues había mucha agua alrededor. Y como había andado el día entero y
no había comido ni un bocado, y el hambre la atormentaba, pensó,
-"Ah, si yo estuviera adentro, podría comer de las frutas,
o si no moriré de hambre!"-
Entonces ella se arrodilló, llamó a Dios el Señor, y rezó. Y de repente un ángel vino hacia ella,
quien hizo una presa en el agua, de modo que el foso quedó seco y ella pudo
atravezarlo.
Y así entró en el jardín y el ángel fue con ella.
Ahí vio un árbol cubierto de peras hermosas, pero la cantidad de frutas
habían sido contadas para el Rey. Entonces se acercó al árbol, y para saciar su hambre, comió
con su boca una, pero no más. El jardinero miraba; pero como el ángel estaba
presente, él tuvo miedo y pensó que la doncella era un espíritu, y se quedó
en silencio, tampoco se atrevía a lanzar un grito, o hablarle al supuesto espíritu. Cuando ella
terminó de comer la pera y se sintió satisfecha, se ocultó entre los arbustos.
El Rey a quien el jardín pertenecía, bajó a la mañana
siguiente, y contó las frutas, y vio que faltaba una de las peras, y preguntó al jardinero
qué había pasado, ya que la pera tampoco estaba bajo el árbol, y no se veía. Entonces
contestó el jardinero,
-"Anoche, un espíritu entró, quién no tenía
ninguna de las manos, y comió de una de las peras con su boca."- El Rey
preguntó, -"¿Cómo
pasó el espíritu sobre el agua, y a donde se fue después de que había comido la pera?"-
El jardinero contestó,
-"Alguien que venía con una ropa blanca como la nieve del cielo
hizo una presa, y contuvo al agua, y el espíritu pudo pasar por el foso. Y como debe haber sido un ángel, tuve miedo, y no hice
ninguna pregunta, y no lancé
ni un grito. Cuando el espíritu había comido la pera, él se fue."-
El Rey dijo,
-"Si todo es como tu dices, yo vigilare contigo esta noche."-
Cuando se puso oscuro el Rey entró en el jardín y trajo a un sacerdote con él, que debía hablar al espíritu.
Los tres se sentaron bajo el árbol y esperaron. A medianoche la doncella vino arrastrándose desde la espesura, fue al árbol, y otra vez comió una pera con su boca, y al lado de ella
estaba el ángel en ropas blancas. Entonces el sacerdote les salió y dijo,
"¿Vienes tú del cielo o de la tierra? ¿Eres un espíritu, o un ser humano?"
Ella contestó,
-"No soy ningún espíritu, sino una mortal infeliz
abandonada por todos excepto por Dios."-

El Rey dijo,
-"Si has sido abandonada por todo el mundo, yo no te abandonaré."-
Él la llevó con él a su palacio real, y como ella era tan hermosa y
buena, él la amó con todo su corazón y mandó a hacer manos de plata para ella, y la tomó
como su esposa. Después de un año el Rey tuvo que partir, entonces le
encomendó a su madre el cuidado de la joven Reina y dijo,
-"Si tiene que tomar cama, toma cuidado de ella,
atiéndela bien, y cuéntame al respecto inmediatamente en una carta."-
Poco después ella dio a luz a un lindo niño. Entonces la vieja madre se dio prisa
en escribirle y anunciarle las
felices noticias. Pero el mensajero descansó en un arroyo por el camino, y como
estaba tan cansado por la gran distancia, se durmió. Entonces vino el Diablo, que siempre procuraba herir a la Reina buena, y cambió la carta
por otra, en el cual escribió que la Reina había traído un monstruo al mundo.
Cuando el Rey leyó la carta quedó impresionado y muy preocupado, pero él escribió en la respuesta que ellos debían tomar
gran cuidado por la Reina y cuidarla bien hasta su llegada. El mensajero volvió con la carta, pero descansó en el mismo lugar y otra vez se durmió. Entonces vino el Diablo una vez más, y
puso una carta diferente en su bolsillo, en el cual fue escrito que ellos debían matar a la Reina y su niño. La vieja madre fue terriblemente impresionada cuando
recibió la carta, y no podía creerlo.
Ella contestó otra vez al Rey, pero no recibió ninguna otra respuesta, porque cada vez el Diablo substituyó una carta falsa, y en la última carta también fue escrito que ella debía conservar
la lengua y ojos de la Reina como una señal de que había obedecido. Pero la vieja madre lloró
de pensar que tal sangre inocente debía ser evitada, e hizo traer un cierva antes de la noche y recortó su lengua y ojos, y los guardó. Entonces
dijo a la Reina,
-"No te puedo matar como el Rey manda, pero no debes
quedarte aquí. Ve afuera por el amplio mundo con tu niño, y nunca vengas aquí otra vez."-
La pobre mujer ató a su niño en su espalda, y se marchó con
sus ojos llenos de lágrimas. Ella entró a un gran bosque salvaje, y luego cayó
de rodillas y rezó a Dios, y el ángel del Señor se le apareció y la condujo a una pequeña casa en la cual
había un letrero con las palabras, "Aquí todos moran libres." Una doncella blanca como la nieve salió de la pequeña casa y dijo,
-"Bienvenida, Señora Reina " y la condujo a su interior.
Entonces allí le desataron al niño de su espalda, y lo sostuvieron
en su pecho para que lo pudiera alimentar, y lo pusieron en una pequeña
cuna maravillosamente hecha. Entonces dijo la pobre mujer,
-"¿Cómo supieron que yo era una reina?"-
La doncella blanca contestó,
-"Soy un ángel enviado por Dios, cuidaré de ti y
del niño."-
La Reina se quedó siete años en la pequeña casa, y fue bien
atendida, y por la gracia de Dios, debido a su piedad, sus manos que habían sido cortadas, crecieron una vez más.
Por fin el Rey regresó a casa y su primer deseo era ver a su esposa y el niño.
Entonces su madre anciana comenzó a llorar y dijo,
-"¡Qué mal hombre fuiste!, ¿Por qué escribiste
que yo debía eliminar aquellas dos vidas inocentes?"-
y ella le mostró las dos cartas que el Diablo había
cambiado, y luego siguió diciendo,
-"Hice como me lo pediste,"- y ella le
mostró la lengua y ojos.
Entonces el Rey comenzó a llorar por su pobre esposa y su pequeño hijo tanto más amargamente que
su madre, que ella al fin tuvo compasión de él y dijo,
-"Queda en paz, esos son sólo naturaleza muerta; en secreto hice que una cierva fuera
matada, y tomé esas muestras de ella; luego amarré al niño a la espalda de tu
esposa y le pedí que saliera afuera al amplio mundo, y le hice prometer
que nunca volviera aquí otra vez, porque tú estabas muy molesto por ella."-
Entonces dijo el Rey,
-"Iré tan lejos como lo que el cielo es azul, y no
comeré, ni beberé hasta que yo haya encontrado otra vez a mi querida esposa y mi niño, si mientras tanto ellos no han sido matados, o
muertos por el hambre."
Así el Rey viajó sobre durante siete largos años, y la buscó en cada hendidura de las rocas y en cada cueva, pero
no la encontraba, y pensó que ella había muerto por amor. Durante todo este
tiempo él ni comía, ni bebía, pero Dios lo confortaba. Al fin él entró en un gran bosque, y encontró allí la pequeña casa cuyo
letrero decía, "Aquí todos moran libres." Entonces salió al frente la doncella blanca, lo tomó
de la mano, lo condujo adentro, y dijo,
-"Bienvenido, Señor Rey,"- y le preguntó de donde
venía.
Él contestó,
-"Pronto voy a tener siete años de estar viajando en
busca de mi esposa e hijo, pero no puedo encontrarlos."-
El ángel le ofreció comida y bebida, pero él no tomó nada, y sólo deseó descansar un poco. Entonces
se acostó para dormir, y puso un pañuelo sobre su cara. El ángel entró en la cámara donde la Reina
estaba sentada con su hijo, que ella por lo general lo llamaba "Doloroso", y le dijo,
-"Sal con tu hijo, tu marido ya ha llegado."
Entonces ella fue al lugar donde él estaba, y el pañuelo se cayó de su cara.
Y dijo ella,
-"Doloroso, recoge el pañuelo de tu padre, y cubre su cara otra vez."-
El niño lo recogió, y lo puso sobre su cara otra vez. El Rey en su sueño oyó lo que
pasaba, y le agradaba que el pañuelo cayera una vez más. Pero el niño se puso impaciente, y dijo,
-"Querida madre, ¿cómo puedo cubrir la cara de mi padre cuando no tengo a ningún padre en este mundo?
He aprendido a decir la oración 'Padre Nuestro, qué
estás en el Cielo,' tú me has dicho que mi padre estaba en el Cielo, y él era
nuestro Dios bueno, y ¿cómo puedo reconocer a un hombre extraño como éste? Él no es mi padre."-
Cuando el Rey oyó aquello, despertó, y preguntó quiénes
eran ellos. Entonces dijo ella,
-"Soy tu esposa, y él es tu hijo, Doloroso."-
Y él vio sus manos vivas, y dijo,
-"Mi esposa tenía manos de plata."-
Ella contestó,
-"Dios bueno ha hecho que mis manos naturales crezcan otra vez;"-
y el ángel entró al cuarto, y trajo las manos de plata, y se
las mostró.
En ese momento él supo a ciencia cierta que sí era su querida esposa y su querido
hijo, y él los besó, y se alegró, y dijo,
-"Una gran piedra pesada se ha ido completamene de
mí corazón."-
Entonces el ángel de Dios les dio una comida junto con ella, y después
ellos se fueron a la casa de la madre anciana del Rey. Hubo gran alegría en todas partes, y el Rey y la Reina
y el hijo estuvieron juntos otra vez, y vivieron felizmente hasta su final.
Enseñanza:
Cuando se hace un
convenio, debe de tenerse muy claro qué es lo que se da y qué es lo que se
recibe, nunca
actuar en base a suposiciones.

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