114-Los Mensajeros de la Muerte

En la antigüedad un gigante viajaba una vez por un amplio camino, cuando de repente un hombre desconocido apareció
ante él, y dijo,
-"¡Alto, ni un paso más lejos!"-
-"¿Qué?"-, gritó el gigante, -"¿una criatura que puedo aplastar entre mis dedos, quiere bloquear mi camino? ¿Quién
eres tú para hablar tan vigorosamente?"-
-"Soy la Muerte,"- contestó el otro. -"Nadie se resiste a mí, y
tú también debes obedecer mis órdenes."-
Pero el gigante se negó, y comenzó a luchar con la Muerte. Fue una batalla larga, violenta,
y por fin el gigante consiguió la ventaja, y abatió a la Muerte con su puño, de modo que
ella cayó sobre una piedra.
El gigante siguió su camino, y la Muerte quedó allí vencida, y tan débil que no podía
moverse otra vez.
-"¿Qué pasará ahora,"- se dijo, -"si me quedo aquí yaciendo
en el camino? Nadie morirá en el mundo, y se llenará tanto de gente que no tendrán
espacio para estar de pie al lado uno del otro."-
Mientras tanto un hombre joven llegó por el camino, quién era fuerte y sano, cantando una canción, y echando un vistazo alrededor
a cada lado. Cuando él vio a aquel medio desmayado, fue compasivamente y lo levantó,
le dio una bebida fortificante de su cantimplora, y esperó a que se recuperara.
-"¿Sabes quien soy?"-, dijo el caído, mientras se incorporaba, -"¿y sabes quien es al que has ayudado a ponerse sobre sus pies de
nuevo?"-
-"No, no lo sé"- contestó el joven.
-"Soy la Muerte,"- dijo él. -"No discrimino a nadie, y no puedo hacer ninguna excepción contigo, pero
para que veas que te estoy agradecido, te prometo que no vendré por ti de improviso,
sino que te enviaré a mis mensajeros antes de que yo venga y te lleve."-
-"Bien"-, dijo el joven, -"es una gran ventaja saber cuando
vendrás, y por lo menos estaré seguro de ti por mucho tiempo."-
Entonces él continuó su camino, y se mantuvo alegre, y se divirtió con
excesos, y vivió sin preocupaciones. Pero la juventud y la salud no duraron mucho tiempo, pronto
vineron enfermedades y penas, que lo atormentaban durante el día, y le robaban
el descanso de la noche.
-"No, no voy a morir"-, se dijo él, -"porque la Muerte enviará a sus mensajeros antes de
eso, pero deseo realmente que estos días desgraciados de enfermedad terminen ya."-
Tan pronto como él se sintió bien otra vez, comenzó una vez más a vivir
con derroches y desarreglos. Entonces un día alguien le dio un toque en el hombro. Él miró alrededor, y la Muerte
estaba de pie detrás de él, y le dijo,
-"Sígueme, la hora de tu salida de este mundo ha llegado."-
-"¿Qué?"-, contestó al hombre, -"¿Vas a quebrantar tu
palabra? ¿No me prometiste que me envíarías mensajeros antes de que vinieras
por mí? ¡No he visto ninguno!"-
-"¡Silencio!" contestó la Muerte.
"¿No te he enviado a un mensajero uno después del otro? ¿No vino la fiebre y
te golpeó, te abatió y te echó abajo? ¿No vino el mareo a aturdir tu cabeza? ¿No
te ha calado la gota en todos tus miembros? ¿No te zumbaron los oídos? ¿No mordió el dolor de muelas
tus mejillas? ¿No se te opacaban los ojos? ¿Y además de todo, cuando mi
hermano el Sueño venía, no te acordabas de mí? ¿Y en las noches de dolor, no
yacías como si estuvieras muerto?"-
El hombre no podría dar ninguna respuesta; entonces cedió a su destino, y se marchó
junto con la Muerte.
Enseñanza:
Los mensajes de la
vida hay que saber interpretarlos adecuadamente y no despreciar su información.

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