122-Federico y Catalina 
Había una vez un hombre que se llamaba Federico y una
mujer llamada Catalina, que se habían casado entre sí
y vivían juntos como es lo usual entre personas casadas. Un
día, Federico dijo:
-"Ahora voy a ir a arar, Catalina, cuando vuelva, por favor
tenme un poco de carne asada en la mesa para comer, y una
bebida fresca para beber."-
-"Vete tranquilo, Federico"-, respondió Kate, -"ve
a tu trabajo que voy a tener todo listo para ti."-
Por lo tanto, cuando la hora de la cena se acercó, ella tomó una
salchicha del estante, la puso en la sartén, le agregó un poco
de mantequilla, y la puso al fuego. La salchicha empezó
a freírse y a silbar, Catalina se puso al lado y sostuvo el
mango de la sartén, y tenía sus propios pensamientos,
mientras lo estaba haciendo.
Entonces se le ocurrió:
-"Mientras la salchicha se está friendo podría ir a
la bodega y traer cerveza."-
Así que puso la sartén al fuego con
seguridad, tomó una jarra, y bajó a
la bodega para traer la cerveza. El barril de la
cerveza llenaba la jarra y Kate observaba, pero entonces
pensó:
-"¡Oh, Dios mío! El perro de arriba no está
amarrado, puede ser que alcance la salchicha de la sartén. Bien
pensado."-
Y en un instante subió las escaleras de nuevo, pero el perro
ya tenía la salchicha en la boca, y la arrastraba por
todo el suelo. PeroCatalina, que no era lerda, corrió detrás de
él, y lo persiguió por un largo camino en el campo. El
perro, sin embargo, era más rápido que Catalina y
no dejaba el viaje de las salchichas con facilidad, y
saltaba sobre los surcos con ellas.
-"¡Lo que se ha ido se ha ido!"-, dijo Kate, y
se regresó, y como había corrido hasta cansarse, caminó tranquila y
cómodamente, y se refrescó.
Durante este tiempo, la cerveza del barril aún estaba llenando la
jarra, pues Kate no había cerrado el grifo. Y cuando la
jarra estuvo llena y no había más espacio para la cerveza,
esta se esparció por todo el sótano y no paró hasta que
el barril estuvo vacío. Tan pronto como Kate llegó a
las escaleras y vio el gran problema, exclamó:
-"¡Dios mío!¿Qué haré ahora para evitar
que Federico lo sepa!"-
Ella pensó por un momento, y por último, recordó
que en la buhardilla de arriba aún quedaba en pie un saco
de la más fina harina de trigo de la última feria,
y que la traería para abajo y la
esparciría sobre la cerveza.
-"Sí"-, dijo, -"quien guarda una cosa
cuando debe, la tiene después, cuando la necesita."-
Y subió a la buhardilla y llevó la bolsa abajo, y
esparció la harina sobre la cerveza regada, volcando de paso a la
jarra, y la bebida, que estaba lista para Federico,
nadó también en el sótano.
-"Está bien"-, dijo Kate, -"donde está uno
también debe de estar el otro"-, y esparció la harina en el
sótano entero.
Cuando todo estuvo hecho, ella se sintió de todo corazón encantada
con su trabajo, y se dijo:
-"¡Qué limpio y sano se ve todo aquí!"-
Al medio día llegó a casa Federico:
-"Ahora, esposa, ¿que tienes preparado para mí?"-
-"¡Ah, Freddy!"-, respondió ella, -"Yo estaba friendo una
salchicha para ti, pero mientras tanto yo iba a traer la cerveza para que
bebieras con ella, el perro se llevó la salchicha fuera de la sartén, y
mientras yo estaba corriendo detrás del perro, toda la la cerveza se
regó, y mientras yo estaba secando la cerveza con la harina, se me volcó la
jarra también, pero tranquilo, la bodega está bastante seca otra vez."-
Federico dijo:
-"¡Kate, Kate, no deberías haber hecho eso! ¡Que el perro se llevara
la salchicha, dejar que la cerveza se regara, y tirar toda nuestra harina en el
piso!"-
-"De hecho, Federico, yo no sabía eso, deberías habérmelo dicho"-,
respondió Kate.
El hombre pensó:
-"Si mi esposa es así, tengo que cuidar más las
cosas."-
Ahora él había reunido un buen número
de ducados que había cambiado por oro, y le dijo
a Catalina:
-"Mira, esto amarillo son piezas para usar en juegos, voy
a ponerlas en una olla y las enterraré en el
establo bajo el pesebre de la vaca, pero mantente lejos
de ellas, o no será bueno para ti."
Dijo ella,
-"Oh, no, Federico, ciertamente no iré allá."-
Y cuando Federico se había ido, algunos vendedores
ambulantes llegaron a la aldea quienes traían cuencos
y ollas de arcilla, y preguntó a la joven si no había
nada que pudiera negociar con ellos.
-"Oh, queridos"-, dijo Catalina, -"no tengo dinero y
no puedo comprar nada, pero si usted tiene alguna utilidad
para unas piezas para juegos de color amarillo podría comprarles
algo."-
-"¿Piezas para juegos de color amarillo? ¿Por qué
no? Pero vamos a verlas primero."- dijeron.
-"Entonces vayan al establo y caven bajo el pesebre de la
vaca, y encontraran las piezas de color amarillo. No se me
permite a mí ir allí."-, les indicó Kate.
Los pícaros fueron allá, cavaron y encontraron oro
puro. A continuación, se apoderaron de él, salieron
corriendo, y dejaron sus ollas y cuencos detrás de la
casa. Catalina pensó que ella debería usar sus cosas nuevas, y
como ya a ella no le hacía falta nada más en la
cocina, golpeó la parte inferior de cada bote, y los
colocó como ornamentos en la valla que rodeaba a la casa.
Cuando Federico llegó y vio las nuevas decoraciones, dijo,
-"Catalina, ¿qué has hecho?"-
-"Yo los he comprado, Federico, con las piezas para
juegos que estaban bajo el pesebre de la vaca. No fui yo
hasta allá, sino los vendedores ambulantes tuvieron
que cavar ellos mismos para tomarlos."-
-"Ah, esposa"-, dijo Federico, -"¿Qué has
hecho? Aquellos no eran piezas para juegos, sino oro
puro, y era toda nuestra riqueza. No debiste haber hecho eso."-
-"De hecho, Federico"-, dijo ella, -"Yo no
sabía eso, me hubieras avisado de previo."-
Catalina se quedó quieta por un rato y meditó. Luego
dijo:
-"Mira, Federico, pronto conseguiremos el oro de
nuevo, vamos a correr detrás de los ladrones."-
-"Ven, pues,"- dijo Federico, -"vamos
a intentarlo. Pero trae contigo un poco de
mantequilla y queso para que tengamos algo que comer en el
camino"-
-"Sí, Federico, los traeré"- respondió.
Salieron, y como Federico era el mejor caminante,
Catalina le siguió y pensó:
-"Esto es a mi favor, cuando regresemos yo estaré
adelante."-
Luego ella llegó a una colina donde había surcos
profundos de carreta a ambos lados de la carretera.
-"Aquí uno puede ver"-, se dijo Catalina, -"cómo se
ha roto y maltratado la pobre tierra, nunca se recuperará de
nuevo."-
Y en la compasión de su corazón tomó la mantequilla y la
untó sobre los surcos marcados por las carretas, a la derecha y
a la izquierda, para que no pudieran ser tan maltratados por las
ruedas, y en la medida a como ella era afectada en su
caridad, uno de los quesos salió de su bolso y rodó por la
colina. Se dijo entonces Catalina,
-"Lo he hecho a mi manera al llegar hasta aquí, no voy
a volver a bajar, pero otro queso sí podría bajar y traer al
anterior de regreso de nuevo."-
Así que ella tomó otro queso y lo rodó hacia
abajo. Sin embargo, los quesos no regresaron, por lo que hizo
rodar al tercero, pensando:
-"Tal vez estén esperando por compañía, y no les
gusta andar solos."-
Como los tres quesos se mantuvieron lejos, pensó,
-"No sé lo que pudiera significar, pero tal
vez pueda ser que el tercero no ha encontrado el
camino y se ha enrumbado mal, por lo que voy a enviar al cuarto
para que lo llame."-
Pero el cuarto no lo hizo mejor que el
tercero. Entonces Catalina se enojó, y lanzó
el quinto y el sexto, y así, estos fueron sus
últimos. Ella permaneció de pie durante algún
tiempo observando en espera de su llegada, pero como no llegaban
dijo,
-"Oh, ustedes son buena gente para ir en
busca de la muerte. ¡Quédense bastante tiempo bien lejos! ¿Creen
que voy a esperar más por ustedes? Yo seguiré mi camino, y pueden
seguirme, tienen las piernas más jovenes que las mías."-
Catalina siguió y encontró a Federico, quien
estaba esperándola porque quería algo de comer.
-"Ahora por fin vamos a tener lo que has traído
contigo"-, dijo él.
Ella le dio el pan seco.
-"¿Dónde están la mantequilla y los quesos?"- preguntó
el hombre.
-"Ah, Freddy"-, dijo Catalina, -"yo unté los surcos
que hacen las ruedas de las carretas con la mantequilla y los quesos
llegarán pronto. Uno se me escapó, así que envié a los otros
para que lo llamaran de regreso."-
Federico dijo:
-"¡No deberías haber hecho eso, Catalina, untar a la
mantequilla en el camino, y dejar que los quesos rodaran abajo
por la colina!"-
-"En realidad, Federico, que deberías habérmelo
dicho."- contestó ella.
Luego, juntos comieron el pan seco, y Federico dijo:
-"Catalina, ¿dejaste asegurada la casa cuando saliste?"-
-"No, Federico, debiste haberme avisado antes que lo hiciera."-
-"Entonces ve a casa de nuevo, y revisa que la casa quede
segura antes de que vayamos más lejos, y trae otra vez
algo para comer. Voy a esperar aquí por ti"-, le dijo.
Catalina regresó y pensaba:
-"Federico querrá algo más que comer, no le
gustará la mantequilla y el queso, así que voy a llevar
conmigo un pañuelo lleno de peras secas y una jarra de vino
para que beba."-
Luego cerró firmemente la mitad superior de la puerta, pero
arrancó la parte inferior, y se la echó sobre su espalda, y se fue
consciente de que ya que ella había colocado firmemente el cerrojo
superior en la puerta de la casa, y esta iría a estar bien
segura.

Catalina se tomó su tiempo por el camino, y pensaba:
-"Federico descansará bastante tiempo."-
Una vez que lo alcanzó, le dijo,
-"Aquí tienes la puerta de la casa, Federico, y ahora
puedes cuidar por ti mismo de la casa."-
-"¡Oh, cielos!"-, respòndió, -"¡Que astuta mujer que
tengo! Ella desprende la puerta inferior de las
bisagras, y cierra firmemente la superior. Ahora es
demasiado tarde para volver a casa, pero ya que has traído
la puerta hasta aquí, deberás llevarla un poco más
lejos."-
-"Sí, voy a llevar la puerta, Federico, pero como las
peras secas y el vino serán demasiado peso para mí, voy
a colgar todo en la puerta, y ella entonces podrá llevarlos"-,
le dijo.
Y enseguida ingresaron al bosque, y buscaron a los pícaros,
pero no los encontraron. Al fin,como se hizo de
noche, subieron a un árbol y decidieron pasar la noche allí.
Apenas, sin embargo, se habían sentado en la parte superior del
árbol, los pillos llegaron allá también llevando con
ellos lo que no debían llevar. Se sentaron bajo el
mismo árbol en el que Federico y Catalina estaban sentados arriba,
encendieron un fuego, y estaban listos para compartir
su botín. Federico bajó por el otro
lado y recogió algunas piedras.
Luego volvió a subir con ellas, y quiso tirarlas
a los ladrones y golpearlos. Las piedras, sin embargo,
no los golpearon, y los bribones gritaron,
-"Pronto amanecerá, pues el viento está sacudiendo y tirando
los frutos de los abetos."-
Catalina todavía llevaba la puerta sobre su espalda, y como
la presionaba fuertemente, ella pensó que era culpa de las
peras secas, y dijo:
-"Federico, tengo que tirar las peras hacia abajo."-
-"No, Catalina, no ahora"-, respondió, "eso nos
puede traicionar."-
-"¡Oh!, pero Federico, ¡debo
hacerlo! ¡Me pesan demasiado!"-, le dijo.
-"Si lo haces, entonces, estaremos atrapados."- replicó él.
Luego las peras secas rodaron por entre las
ramas, y los pillos a continuación dijeron:
-"Están cayendo hojas."-
Poco tiempo después, cuando la puerta aún se sentía más pesada,
Catalina dijo:
-"Ah,Federico, debo verter el vino."-
-"No, Catalina, no debes, eso puede traicionarnos."-
-"¡Ah, pero Federico, sí debo, pues me
pesa demasiado!"-
-"Luego de hacerlo seremos entonces atrapados!"-
Así que siempre vació el vino, y salpicados los ladrones,
dijeron entre sí:
-"El rocío ya está cayendo."-
Al fin, Catalina pensó:
-"¿Puede realmente ser la puerta la que me
pesa tanto?"-, y dijo: -
-"Federico, tengo que tirar la puerta abajo."-
-"No, ahora no, Catalina, eso puede descubrirnos."-
-"¡Oh, pero Federico, tengo que
hacerlo. Me pesa demasiado!"-
-"¡Oh, no, Catalina, sostenla fuertemente!"
-"¡Ah, Federico, ya la estoy dejando caer!"-
-"Que se vaya,entonces, en nombre del diablo."-
Entonces la puerta cayó con un violento
estrépito , y los pillos a continuación exclamaron:
-"¡El diablo viene bajando del árbol!"-
y huyeron dejando abandonado todo detrás de ellos.
A la mañana siguiente, temprano, cuando los dos bajaron, encontraron
todo el oro de nuevo, y lo llevaron a
casa. Cuando estuvieron una vez más en
casa, Federico dijo:
-"Y ahora, Catalina, tú también, debes
ser diligente y trabajar."-
-"Sí, Federico, pronto voy a hacer eso, voy a ir al
campo y cortaré el maíz."-
Cuando Catalina se metió en el campo, se dijo:
-"¿Debo comer antes de cortar, o debo dormir antes
de que corte? ¡Oh, voy a comer primero!"-
Entonces Catalina comió y eso le
hizo sentir sueño, y sin embargo empezó a cortar, y a
mitad del sueño empezó a cortar toda su ropa en
pedazos, su delantal, su vestido, y su abrigo. Cuando
Catalina volvió a despertar después de su sueño, vio que
ella estaba allí medio desnuda, y se dijo para sí:
-"¿Soy yo, o no soy yo? Por desgracia, no soy yo"-
Mientras tanto, la noche llegó, y Catalina fue al
pueblo, llamó a la ventana de su esposo, y gritó,
-"¡Federico!"
-"¿Cuál es el problema?"- respondió él.
-"Me gustaría mucho saber si Catalina se
encuentra adentro"-, preguntó ella.
-"Sí, sí"-, respondió Federico, -"debe de
estar adentro durmiendo."-
-"Está bien,entonces ya estoy en casa"- contestó Kate, y
salió corriendo.
Catalina, estando afuera, se encontró con algunos vagabundos
que iban a robar. Luego se acercó a ellos y les dijo:
-"Yo les ayudaré a robar."-
Los bribones pensaron que ella conocía bien la situación del
lugar, y estuvieron dispuestos. Catalina se fue al
frente de las casas, y gritó,
-"Hola buena gente, ¿Tienen algo ahí? ¡Queremos robar!"-
Los ladrones pensaron:
-"Esa es una rara manera de hacer las cosas"-, y
desearon entonces deshacerse de Catalina.
Entonces le dijeron:
-"Allá afuera de esta aldea, el pastor tiene algunos nabos en
el campo. Ve allí y traénos un poco de nabos para
nosotros."-
Catalina fue al campo y comenzó a tirar de los nabos,
pero era tan inútil que no los podía reunir. Entonces
un hombre se le acercó, la vio con su ropa roída y se
detuvo, y pensó que era el diablo que se estaba
enraizando entre los nabos. Entonce él corrió hacia el
pueblo donde el pastor, y dijo:
-"Sr. Pastor, el diablo está en su cultivo de
nabos, enraizándose en ellos."-
-"Ah, cielos"-, contestó el pastor -"Tengo
un pie cojo, por lo que no puedo salir y obligarlo a irse."-
Dijo el hombre:
-"Entonces, yo te llevaré en mi espalda"-, y lo
llevó sobre su espalda.
Cuando llegaron al sembradío, Catalina se levantó y se puso
de pie en toda su altura.
-"¡Ah, es el diablo!"- exclamó el pastor, y los
dos huyeron a toda prisa, y en su gran susto el
pastor podía correr mejor con su pie cojo, que el
hombre que lo había llevado en su espalda.
Luego Catalina, despertando de su mal sueño, regresó a su casa y
silenciosamente ingresó a ella sin despertar a Federico.
Enseñanza:
La falta de preparación y
de conocimientos conduce a actuar sin sentido. Para actuar correctamente
en nuestra vida, debemos estudiar con dedicación y cariño.

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