124-El hueso cantante
En cierto país lejano había una vez gran lamentación por un
jabalí que arrasaba los campos de los agricultores, mataba el
ganado y destrozaba los cuerpos de las personas con
sus colmillos. El Rey prometió una gran recompensa a
cualquiera que quisiera liberar su tierra de esta plaga, pero la
bestia era tan grande y fuerte que nadie se atrevía a
acercarse al bosque en el cual él vivía. Por fin,
el rey dio aviso de que todo aquel que capturara o
matara al jabalí tendría a su única hija por
esposa.
Vivían en ese entonces en el país dos hermanos, hijos
de un pobre hombre, que se declararon dispuestos a acometer
la peligrosa empresa. El mayor era astuto, sagaz, y orgulloso. El más
joven era sencillo e ingenuo, de gran corazón. El rey dijo:
-"A fin de que ustedes puedan tener más seguridad de encontrar a la
bestia, entrarán al bosque por lados opuestos."-
Así entró el mayor por el lado oeste, y el más joven por el este.
En cuanto el más joven había avanzado un poco, un pequeño hombre se
acercó a él. Tenía en la mano una lanza negra y le dijo:
-"Te doy esta lanza, porque tu corazón es puro y bueno; con esto
podrás atacar con valentía al jabalí, y no te hará ningún daño."-
Dio las gracias al pequeño hombre, cargó con la lanza, y continuó sin
miedo.
En poco tiempo vio a la bestia, que se abalanzó sobre él, pero él apuntó
la lanza hacia el jabalí, y éste, en su furia ciega corrió con tanta rapidez
en su contra que su corazón quedó partido en dos por la lanza. Luego el joven
montó al monstruo en la espalda e inició su regreso donde el rey.
Al salir al otro lado del bosque, encontró a la entrada una casa donde la
gente estaba haciendo fiesta con vino y baile. Su hermano mayor, que se había
quedado allí pensando que después de todo, el jabalí no se alejaría, iba a
beber hasta sentirse exhausto. Pero cuando vio a su hermano menor que salía del
bosque con su carga, su envidioso y mal corazón no le dio paz. Él le
gritó:
-"¡Ven, querido hermano, descansa y refréscate con una copa de
vino!"-

El joven, quien no sospechaba nada malo, fue y le contó acerca del pequeño
hombre que le había dado la lanza con la que había dado muerte al jabalí.
El hermano mayor lo mantuvo allí hasta la noche, y después se marcharon
juntos. Cuando en la oscuridad, llegaron a un puente sobre un arroyo, el hermano
mayor dejó que el otro fuera de primero, y cuando estaban a mitad del puente le
dio un fuerte golpe por detrás dejándolo muerto. Lo enterró bajo el puente,
tomó al jabalí, y lo llevó al rey, fingiendo que él lo había matado, con lo
cual obtuvo a la hija del rey en el matrimonio. Y como su hermano menor no
regresaba, dijo,
-"El jabalí debe haberlo matado"-, y todo el mundo lo creyó.
Pero como nada permanece oculto ante Dios, este malvado hecho también iba a
venir a la luz.
Años después, un pastor que conducía su rebaño a través del puente, vio
abajo sobre la arena, un pequeño hueso blanco como la nieve. Pensó que sería
una buena boquilla, por lo que bajó, lo recogió, e hizo con él una boquilla
para su cuerno. Pero sucedió que cuando sopló a través de él por
primera vez, para gran sorpresa suya, el hueso inició por su cuenta a
cantar:
-"¡Ah, amigo, tú soplaste sobre mi hueso!
Por largo tiempo he permanecido junto al agua;
Mi hermano me mató por el jabalí,
Y tomó por esposa a la joven hija del rey."-
-"¡Que cuerno tan maravilloso"-, dijo el pastor,
-"que canta por sí mismo, tengo que llevarlo a mi señor el rey!"-
Y cuando llegó con él al rey, el cuerno de nuevo comenzó a cantar su
canción. El rey lo entendió todo, y mandó a mover la tierra bajo el puente
para ser investigado todo, y entonces el esqueleto del hombre asesinado salió a
la luz. El perverso hermano no podía negar el hecho, y fue
encarcelado varios años, y luego expulsado del reino sin más haber que lo que
tenía puesto encima. Su matrimonio fue anulado y la hija del rey casó de nuevo
con un magnífico príncipe vecino. Y los huesos del hombre asesinado fueron
sepultados en una tumba hermosa en el cementerio.
Enseñanza:
Cuando la envida y la
maldad se mezclan, su desdichado producto, tarde o temprano, saldrá a luz y
será certeramente juzgado y castigado.

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